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miércoles, 3 de agosto de 2022

Olga Novo: 29 de enero del 2002


 
29 de enero del 2002
 
Querida mamá: estoy aprendiendo a ladrar.
 
une saison en enfer. repite conmigo Une-Saison-En-Enfer.
mis treinta generaciones analfabetas Yo estoy aprendiendo a ladrar.
marcar un nunca territorio con la epiglotis
como un can como una perra cualquiera
emperrarme hasta volver en mí en can entonces pronuncio
Walt Walt
Walt Whitman mamá.
 
estoy aprendiendo a ladrar.
me pongo de culo al sol me agarro a una azada
e intento imitar el canto del cuco del cuco de culo al sol entonces
mi garganta se exprime de dolor
y aúllan como nunca los futuros posibles que nos abomban las venas
como un cazo de leche vertiéndose en el fuego.
 
los ojos de mi amor llevan dentro
el tintineo de los cencerros unocontraotro unocontraotro
de la novena sinfonía de Gustav Mahler
mamá.
 
y yo te miro a los ojos a los ojitos estás tan cansada
pero yo no y aquí
es el momento de la furia can
escucho con atención la campana de cris
tal de tus sueños incumplidos
como una escultura delicada de Brancusi
de Cons tan tín Brancusi.
 
una y otra vez el corazón tan grande
como una seta enorme el otoño eres tú auh auh auh loba
aquí me tienes bailando gritando saltando
una maestra gutural un volcancito gutural
como Virginia Woolf como Virginia Woolf como Virginia Woolf.
 
te miro las manos podría lamerte las cicatrices de las manos
hasta que dieran luz
y curarte las hernias discales con un solo verso alejandrino
con una sílaba de centeno crudo con un oh-là-là y después después
contar una por una tus canas enraizadas en las edades del mundo
tu lengua plantígrada mamá
podría incluso reestructurarte la osamenta
con el implante de una canción anarquista.
 
a veces siento el dolor sedimentándose
lámina
por
lámina
como la pizarra: es un esguince emocional clavado en la nuca
y para ladrar así a veces es preciso llorar yodo
sajarme las rodillas con una guadaña hasta ver el sol tan cerca
a tres centímetros del iris
mamá
yo tenía que mamar de tu médula
asombrar al mundo cuando te baja la compasión a las caries
y a los pechos
caídos
de cansancio.
 
para poder ladrar yo tenía que roer durante años
tu alergia al polen a los vilanos de los chopos
tu anemia circulando en sentido inverso por la sangre
tendría que ir contigo a enterrar a tu hermano de veintisiete años y
apretar la mandíbula para no partirme la lengua
con su tuberculosis                            mamaíta.
 
sé muy bien que para poder ladrar
tendría que ir contigo a mi infancia
y verme a punto de morir deshidratada
y rogarle a la virgen en la que no crees
que me devolviese a la vida de tres meses y medio
y soldarme en tu regazo para siempre
como una pieza de hierro de tu vientre.
 
no pienses que no sé que para poder ladrar
tendría que ir contigo a las últimas horas
de la abuela Carmen agarrada a las cuatro puntas de su pañuelo
y a tu bazo.
 
yo sé muy bien sé todo
que para aprender este ladrido
al fin hicieron falta
mil mujeres lavando sin cesar en el río de Saá
y mil arando y dos mil cosiendo y cinco mil
recogiendo leños y raíces en mitad del monte y Tú
sobre todo tú plantando pinos en una sierra inmensa
desaprendiendo cuanto eres
agujereando tus dudas.
 
Querida mamá: estoy aprendiendo a ladrar.
 
alguien me ve abriéndome la mandíbula hasta hendirla y digo ya
ya ladro ouh como el perro no no
como Camille Claudel como Camille Claudel como Camille Claudel
como Camille mamá en el marmol
como Camille
como Walt Whitman Walter Benjamin voy mamá
voy hacia ti
voy yo voy
alta
alta
auh...
 
                                         Olga Novo, Los líquidos íntimos
 

domingo, 27 de diciembre de 2015

Olga Novo: Enigma

La libélula que duerme en mi páncreas
sabe tu nombre y no lo dice.

La huella digital que forma un laberinto en mis dedos
conoce tu misterio y no lo desvela.

Algo en mí deshace metáforas para aprovechar la lana y
        hacer
un nuevo tejido en mí.

Porque yo bebo a diario en un enigma que da sed.
Yo bebo a diario en un enigma

...Pero
En la hora en que yo sola entiendo y me encadeno a la
        subsombra
en la hora en que tu sueño se entrega a circuitos de piel y
        yo sucumbo
con todas mis sangres arrebatadas
a una verdad implacable hecha de nada       En la hora
en que la razón entra en razón por medios intuitivos
y la ciencia tiembla transida de pasión y moléculas mortales
Ahí
justo en ese momento
en el que no estás está todo mi ser completo
arañando el espacio que ocuparía tu cuerpo
y el hueco de la caricia que se desplaza por el espacio.

Me alumbra la oscuridad y sin pensarlo
despliego las funciones del tacto y soy capaz de besar la
        distancia
hasta traerte a mis brazos
como un árbol grandioso que dispone nidos para los
        pájaros.
Se me estremecen las raíces que no sabía que tenía
y la mente del mundo crepita ante la belleza
de algo imprevisto
que somos nosotros
que somos
como la luz y la combustión que juntas forman la llama.

La libélula que duerme en mi páncreas
sabe tu nombre
la huella digital que forma un laberinto en mis dedos
conoce tu misterio
y yo espero
al borde de mí misma
tus pasos sobre el asfalto de mi corazón que no se para
        nunca
a pensar si late o ladra si es un prisma de cristal o un
        animal del monte...
La libélula sabe
tu nombre y no lo dice
la huella digital que forma un laberinto
conoce tu misterio y no lo desvela...

Somos
como el frío que tiembla haciéndose en las esferas
a punto de ser nevado
la inminencia brutal de una cereza a punto de brotar en flor
dos elementos químicos a punto de formar un cristal
o una máquina de coser y un paraguas a punto de
        encontrarse
en una mesa de operaciones
la vida
que no vivimos para vivir preguntándonos quién somos
sino para entregar a otros el soplo ferozmente hermoso
        que hace de nosotros
una red de estrellas y de músculos que sienten,
una criatura que alcanza el conocimiento cuando ama...

Y sobrevive solamente

porque bebe a diario en un enigma que da sed.

       Olga Novo, Enigma, Los líquidos íntimos

sábado, 14 de febrero de 2015





Necesitaría que el cuerpo me siguiese
y viviese tres veces siendo yo misma.

Que amase con ardor las cosas que adoro:

el polvo sobre un mueble viejo
tus ojeras
de rerum natura de Aristóteles
la espiga que entrega la vida a las manos de mi padre como en el Gólgota
     tus ojeras
el pelo negro y lacio del espíritu de la perra Perla
tu mano en mi vientre
la comunicación con el más allá de este poema     la materia
la última mirada de un rojo
la masa del pan cuando fermenta y nieva
sobre la densidad y la forma de tus recuerdos
un tango
un telescopio para mirarme al espejo
las moras     los gitanos     las manos de mi madre     la aguja de la
     modista
un viejo combatiente enfermo que perdió la guerra pensando
     que la había ganado
aquel que se asombra de ver que amanece
y es tocado por su guitarra como por un ángel
una mujer que camina en dirección a sí misma
y me lleva de la mano
a su propio destino

una gominola de tres pesetas
el estómago de una vaca y la reverberación del trébol
el cerebro de mi hermano
que brilla como una flor entre los números
el húmero del poeta amado
su sangre viva     mi canibalismo
la gota que colmó mi vaso
y tú
contando con los dedos
mi vida tres veces
tres
mi vida.


Olga Novo, Tres, Cráter
Imagen, Niall Grant

sábado, 24 de enero de 2015

Olga Novo: Cosmogonía




Hago casa entre las costillas y templo para cosas sagradas
como esta.

no sé cómo sería si lograse una voz semejante
a una flor intacta de cerezo.

ni si fuese capaz de comunicarme a través de la harina
y del fango.

todo me sobreviene como un disparo.

mi padre se dio cuenta de que llevaba aulagas
en la médula espinal
supo que iría a parir echada en el centeno.
por eso me explicó que iba a sentir la primera espiga
que vieran mis ojos
y que un aullido profundísimo de loba le daría forma a una placenta

yo padre yo no tengo cuerpo para un campo excesivo de hierba retoñada
ni para el chorro de agua que abres entre las peñas.
con qué inflexión de voz puedo yo abrir un surco
en medio de una pradera.
cómo voy a resistir toda esta luna
si no sé hablar desde el interior de un buey con qué palabra
voy a nombrar la tristeza que le pesa más que todos tus yugos.

aunque creas que vengo del lugar donde se mezclan como alquimia
las cosas que hacen crecer de manera increíble tus cosechas.
aunque sepas que llevo la reja del arado incrustada en el útero.

padre a ti todo te sobreviene como la tormenta
nadie diría que no tienes precisamente el mismo tono de voz
que las piedras del granizo
o que un hilo de agua derretida que viene de los carámbanos.

por ti aprendí a tirar de un poema como de un becerro
cuando se le ven las patas
y a posar la mano sobre un terrón para poder acompasar
mi corazón a tus latidos
para que no me dé miedo la muerte si no estás
ni tampoco la noche

nuestra tumba tiene algo de raíz y de rotunda música de viento
y de lluvia que no cesa.

               Olga Novo, Cosmogonía, A cousa vermella
               Ilustración,  Andrea Kowch, The Catch Wood Fire

viernes, 16 de enero de 2015



La libélula que duerme en mi páncreas
sabe tu nombre y no lo dice.

La huella digital que forma un laberinto en mis dedos
conoce tu misterio y no lo desvela.

Algo en mí deshace metáforas para aprovechar la lana y
        hacer
un nuevo tejido en mí.

Porque yo bebo a diario en un enigma que da sed.
Yo bebo a diario en un enigma

...Pero
En la hora en que yo sola entiendo y me encadeno a la
        subsombra
en la hora en que tu sueño se entrega a circuitos de piel y
        yo sucumbo
con todas mis sangres arrebatadas
a una verdad implacable hecha de nada       En la hora
en que la razón entra en razón por medios intuitivos
y la ciencia tiembla transida de pasión y moléculas mortales
Ahí
justo en ese momento
en el que no estás está todo mi ser completo
arañando el espacio que ocuparía tu cuerpo
y el hueco de la caricia que se desplaza por el espacio.

Me alumbra la oscuridad y sin pensarlo
despliego las funciones del tacto y soy capaz de besar la
        distancia
hasta traerte a mis brazos
como un árbol grandioso que dispone nidos para los
        pájaros.
Se me estremecen las raíces que no sabía que tenía
y la mente del mundo crepita ante la belleza
de algo imprevisto
que somos nosotros
que somos
como la luz y la combustión que juntas forman la llama.

La libélula que duerme en mi páncreas
sabe tu nombre
la huella digital que forma un laberinto en mis dedos
conoce tu misterio
y yo espero
al borde de mí misma
tus pasos sobre el asfalto de mi corazón que no se para
        nunca
a pensar si late o ladra si es un prisma de cristal o un
        animal del monte...
La libélula sabe
tu nombre y no lo dice
la huella digital que forma un laberinto
conoce tu misterio y no lo desvela...

Somos
como el frío que tiembla haciéndose en las esferas
a punto de ser nevado
la inminencia brutal de una cereza a punto de brotar en flor
dos elementos químicos a punto de formar un cristal
o una máquina de coser y un paraguas a punto de
        encontrarse
en una mesa de operaciones
la vida
que no vivimos para vivir preguntándonos quién somos
sino para entregar a otros el soplo ferozmente hermoso
        que hace de nosotros
una red de estrellas y de músculos que sienten,
una criatura que alcanza el conocimiento cuando ama...

Y sobrevive solamente

porque bebe a diario en un enigma que da sed.


Olga Novo, Enigma, Volcán vivo, Los líquidos íntimos    
Imagen, Elia Mervi

viernes, 9 de enero de 2015


Vesubio

Si entro en erupción
nadie está a salvo.
Desde pequeña sé
que en el fondo estoy hecha
de lava prófuga.

Mi columna de humo
asciende vértebra a vértebra
a la estratosfera.

Te abrazo.
Te abraso.


Olga Novo, Cráter
Toxosoutos, Noia, 2011

miércoles, 9 de julio de 2014

tiempo romperá el mundo




Si entro en erupción
nadie está a salvo.
Desde pequeña sé
que en el fondo estoy hecha
de lava prófuga.

Mi columna de humo
asciende vértebra tras vértebra
hacia la estratosfera.

Te abrazo.

Te abraso.

Olga Novo, Vesubio

viernes, 13 de junio de 2014

Olga Novo

 

DANZA DE LA BISABUELA DESCALZA (fragmento)


Pietá pietá
mi bisabuela pasó hambre
y a mí
el calcio del lenguaje
me alimenta los huesos.

Anduvo descalza hasta los dieciséis años
con el arca del pan cerrada con candado
fascinada por el brillo de unas letras
que no entendió nunca.

Desde niña sin querer
me destapo los sesos por la noche
y así siento tus tripas hablándome
como un oráculo

de repente el mundo entra en mí como en un trance
y sé que tu hambre sigue viva:
no conseguiste llevarla contigo
enterrada en la tumba de tu estómago.

No descansa mi bisabuela descalza

me está tragando el abismo
como una acuarela de Turner

estás tú dispuesta a abrir el día
con un azadón
en la cantera
donde las únicas manos de mujer son las tuyas
y desde que sé todo esto
voy rabiosa y tierna por los caminos
clavándome a la verdad como si fuese una aguja

estoy escribiendo esto con tus pulmones
pequeña huérfana
estoy dando a entender tu dolor a mordiscos
lo sabes
desde el más allá
                 […]

                               Olga Novo, Los líquidos íntimos

         Imagen, Olga Novo por Charo Lopez