miércoles, 6 de abril de 2022
El alma tiene momentos de Huida-
El alma tiene momentos de Huida-
Cuando haciendo estallar todas las puertas-
Baila como una bomba fuera,
Y se columpia sobre las Horas,
Como hace la Abeja—llevada del delirio—
Cuando, largamente Apartada de la Rosa—
Toca la Libertad—y luego no conoce nada más,
Sólo el Mediodía, y el Paraíso—
Emily Dickinson
Pocas pero bastantes
Pocas, pero bastantes,
Bastantes es Una-
A ese tropel
Etéreo
¿no tenemos cada
una de nosotras el
derecho
de furtivamente
pertener?
Emily -
lunes, 4 de abril de 2022
Me dijeron
El otro día me dijeron
que frene la lengua,
que modere los actos,
que critique, que señale,
que me inconforme.
Pero, en voz baja.
Y entre nosotras.
Que los compañeros de lucha,
cualquier lucha,
se pueden sentir afectados.
Que espere, que el movimiento social,
cualquier movimiento social,
tiene planes para las mujeres,
pero, que espere,
todavía no es el tiempo, ni la hora.
El otro día me dijeron
que sea más responsable
al decir antipatriarcado,
al denunciar al que acosa,
al señalar al que desprecia.
Que cuide a los compañeros,
que sea amorosa,
que les haga sentir bienvenidos,
que mis reclamos no vayan a ofenderlos.
Me lo dijo una, que se dice compañera,
y le he preguntado.
Pero, no ha ido a ver al indio,
para decirle que denuncie bajito
al caxlan que lo desprecia.
Y no ha ido a ver al obrero,
para decirle que espere,
que sea más amable
en sus reclamos con el patrón.
Y no ha ido a ver al campesino,
para decirle que defienda su tierra
con amabilidad y sonrisa.
Pero a mí, sí ha venido a hablarme
para decirme que no vea,
que si veo no señale,
que no lo tome como ofensa.
Que comprenda.
Me dijeron.
Que finja, que no me dé cuenta
de que éste mira mis senos,
de que éste me estorba la palabra,
de que éste me llama a la elegancia femenina,
de que éstos no son de los míos.
De que dicen lesbiana, pero en voz baja.
Que por las buenas son mejor las cosas.
Que no demuestre el abuso.
Que no llame machista.
Que no use la palabra misoginia
para el que me niega.
Que acompañe al movimiento
y, por las buenas, ya irá tocando la nuestra.
Me dijeron,
y estoy pensando que no es justo.
Para murmurar el descontento,
para perpetuar los roles,
mejor me habría quedado en casa a lavar los platos.
Que nada más no puedo.
Ni he de callarme.
Ni cerrar lo ojos, ni fingir.
Ni moderar la lengua ni los actos.
Que no dejaré de criticar, ni de señalar, ni de inconformarme.
Ya hemos dado mucho.
Ya dieron bastante mis madres y abuelas.
Hemos sido tantas:
Las presas políticas,
las agredidas,
las trabajadoras,
las que sostienen la casa mientras la huelga,
las que siembran la tierra,
las sindicalistas,
las maestras,
las que nunca son nombradas,
las que toman los medios.
las que barren y reparten volantes mientras el macho líder hace discurso.
Las que ya están hartas…
Todas, mis hermanas.
Que ya toca la nuestra y no para luego.
Que hay que decir: ya, a este tiempo y a esta hora.
Que para gritar contra la opresión, no hay corrección política.
Decir: hay una izquierda machista y reaccionaria, no me atemoriza.
Me dijeron, me sugieren, me invitan a moderarme.
Pero yo, nada más no puedo.
Yo entiendo ser mujer de otra forma.
Yo quiero de otro modo hacer las cosas.
No voy a disculparme,
No puedo condolerme.
Porque tengo esta voz.
Es voz libre y autónoma.
Es voz nueva, revolucionaria.
Tengo esta voz fuerte.
Voz lesbiana, nunca más silenciada
Patricia Karina Vergara Sánchez, Esta boca es mía
¡Sigue tu gran camino!
¡Sigue tu gran camino!
Las estrellas con las que te encuentres
Son exactas como Tú -
Porque ¿qué son las Estrellas sino Asteriscos
Para puntuar una Vida humana?
domingo, 3 de abril de 2022
Un arte
No es difícil dominar el arte de perder:
tantas cosas parecen llenas del propósito de ser perdidas,
que su pérdida no es ningún desastre.
Pierde algo cada día. Acepta aturdirte por la pérdida
de las llaves de la puerta, de la hora malgastada.
No es difícil dominar el arte de perder.
Después practica perder más lejos y más rápido:
los lugares, y los nombres, y dónde pretendías
viajar. Nada de todo esto te traerá desastre alguno.
He perdido el reloj de mi madre. Y, ¡mira!, voy por la última
—quizás por la penúltima— de tres casas amadas.
No es difícil dominar el arte de perder.
He perdido dos ciudades, las dos preciosas. Y, más vastos,
poseí algunos reinos, dos ríos, un continente.
Los echo de menos, pero no fue ningún desastre.
Incluso habiéndote perdido a ti (tu voz bromeando, un gesto
que amo) no habré mentido. Por supuesto,
no es difícil dominar el arte de perder, por más que a veces
pueda parecernos (¡escríbelo!) un desastre.
El champú
rebozada y brillante como la luna.
sábado, 2 de abril de 2022
Adrienne Rich: Condiciones de trabajo. El mundo común de las mujeres
"En el mundo común de los hombres las dificultades que encontramos son la lucha por hacer la experiencia femenina visible en sí misma. ¿Tomarían en serio una tesis sobre las mujeres? ¿Me dejarían dar un curso sobre las mujeres? ¿Puedo hablar llanamente sobre la experiencia femenina sin destrozar los egos de los machos a mi alrededor, o sin ser etiquetada como histérica y castradora de hombres? Tales luchas asumen el estatus de un problema intelectual y los verdaderos problemas intelectuales, a veces, puede ser que no sean escudriñados en absoluto."
"Está bien claro que las universidades y la clase establecida de intelectuales procuran en lo posible mantener invisibles las experiencias de las mujeres...La mayoría de las mujeres que cursan estudios en la enseñanza media y superior sufren una coerción intelectual de la que ni siquiera son conscientes. En un mundo donde el lenguaje y el nombrar las cosas son poder, el silencio es opresión y violencia."
"Como dice Tillie Olsen: "No poder alcanzar la verdad propia o no poder utilizarla en los escritos propios, y aún cuando digamos la verdad tener que decirla `de forma sesgada´, le quita a una el impulso o la convicción y limita la calidad potencial...". Donde quiera que estén trabajando las mujeres en el mundo de los hombres les es negada esa integridad de trabajo y de vida que solamente puede ser encontrada en la conexión emocional con otras mujeres."
"El feminismo significa que renunciamos a nuestra obediencia a los Padres y reconocemos que el mundo que nos han descrito no es el mundo en su totalidad. Las ideologías masculinas son la creación de la subjetividad masculina: ni son objetivas, ni están libres de valoraciones, ni son inclusivamente "humanas". El feminismo significa que reconocemos a las ideologías creadas por los machos como totalmente inadecuadas y distorsionadas para nosotras y que procedemos a pensar y actuar a partir de este reconocimiento."
"Trabajando juntas como mujeres, creando conscientemente nuestra red de trabajo, incluso en el seno de las instituciones patriarcales con las que tenemos que convivir, podemos enfrentarnos al problema de las relaciones entre mujeres, de las madres de quienes venimos, de las hermanas con quienes fuimos forzadas a dividir el mundo, de las hijas a las que temenos y amamos. Podemos desafiarnos entre nosotras, aclararnos mutuamente nuestros puntos oscuros, asistirnos y animarnos durante los dolores de parto de ideas procedentes de la instrospección. Pienso en el relato de la poeta H.D. sobre la visión que tuvo en la isla de Corfú, en su Tribute to Freud:
Dijo la poeta al analista
Mi trabajo son las palabras. Las palabras son como etiquetas,
o monedas, o mejor, como un enjambre de abejas.
Confieso que sólo me rompe los orígenes de las cosas;
como si contásemos las palabras como abejas muertas en el ático,
desprovistas de sus ojos amarillos y de sus alas secas.
Tengo siempre que olvidar cómo una palabra es capaz de elegir
a otra, manejar a otra, hasta que tengo
algo que podría haber dicho...
pero callé.
Su trabajo consiste en vigilar mis palabras. Pero yo
no admito nada. Trabajo con lo mejor de mí, por ejemplo,
cuando puedo escribir mi elogio a una máquina de monedas,
aquella noche en Nevada: contando cómo el mágico premio gordo
apareció haciendo sonar tres campanas en la pantalla de la suerte.
Pero si usted me dijera que esto es algo que no es real,
entonces me debilitaría, recordando cómo mis manos
se sintieron raras y ridículas y llenas de todo
ese creíble dinero.
Anne Sexton
viernes, 1 de abril de 2022
"Trapos. Gasolina. Cerillas"

jueves, 31 de marzo de 2022
Vivo en Posibilidades—
Una Casa mejor que la Palabra—
Más numerosa en Ventanas—
Óptima—en Puertas—
De Estancias cual Cedros—
Inexpugnables al Ojo—
Y por Eterno Techo
Los Tejados del Cielo—
Visitas—las más preciosas—
Y por Pasatiempo—Esto—
Extender bien abiertas mis angostas Manos—
Para juntar el Paraíso—
Adrienne Rich: La maternidad como experiencia e institución
"Dos significados superpuestos de maternidad: la relación potencial de cualquier mujer con su capacidad de reproducción y con los hijos; y la institución, cuyo objetivo es asegurar que este potencial -y todas las mujeres- permanezcan bajo el control masculino."
"El patriarcado, un sistema político, ideológico, familiar-social, en el cual los hombres –a través de la fuerza y la presión directa, o por medio del ritual, la tradición, la ley y el lenguaje, las costumbres, la etiqueta, la educación y la división del trabajo- determinan qué papel deben o no representar las mujeres y en el cual lo femenino está siempre subsumido a lo masculino."
"Sostener la heterosexualidad obligatoria para las mujeres como medio de garantizar que a los hombres se les permita el acceso sexual y emocional-y, por tanto, económico- a las mujeres.""Cuando pensamos en una institución, generalmente podemos verla encarnada en un edificio: el Vaticano, el Pentágono, la Sorbona, el Tesoro, el Instituto Tecnológico de Massachusetts, el Kremlin, la Corte Suprema. Lo que no podemos ver, hasta que nos convertimos en estudiantes cercanos de la institución, son las formas en que el poder se mantiene y se transfiere detrás de los muros y debajo de las cúpulas, los entendimientos invisibles que garantizan que residirá en ciertas manos pero no en otras, que se transmitirá información a éste pero no a aquél, las connivencias ocultas y conexiones con otras instituciones de las que supuestamente es independiente. Cuando pensamos en la institución de la maternidad, no nos viene a la mente ninguna arquitectura simbólica, ninguna encarnación visible de autoridad, poder o violencia potencial o real. La maternidad nos recuerda el hogar, y nos gusta creer que el hogar es un lugar privado. Quizá nos imaginemos fila tras fila de patios traseros, detrás de casas suburbanas o de vecindad, en cada uno de los cuales una mujer tiende la ropa o corre a recoger a un niño de dos años lloroso; o miles de cocinas, en cada una de las cuales los niños son alimentados y enviados a la escuela. O pensamos en la casa de nuestra infancia, en la mujer que nos amamantó, o en nosotras mismas. No pensamos en las leyes que determinan cómo llegamos a estos lugares, las penas impuestas a quienes hemos intentado vivir nuestra vida de acuerdo con un plan diferente, el arte que nos representa en una serenidad o resignación antinaturales, el establishment médico que ha despojado a tantas mujeres del acto de dar a luz, los expertos, casi todos hombres, que nos han dicho cómo debemos comportarnos y sentirnos como madres. No pensamos en los intelectuales marxistas discutiendo si producimos `plusvalía´ en un día de lavar ropa, cocinar y cuidar niños, o en los psicoanalistas que están seguros de que el trabajo de la maternidad nos conviene por naturaleza. No pensamos en el poder que nos roban y el poder que nos niegan, en nombre de la institución de la maternidad."
"A mis abuelas Mary Gravely y Hattie Rice, cuyas vidas empiezo a imaginar, y a las activistas que trabajan para liberar a los cuerpos de las mujeres de las ataduras arcaicas e innecesarias."
miércoles, 30 de marzo de 2022
en el Centro del Mar-
Barcos desde Phoenix
"Abro mi ventana, y la habitación se llena de suciedad blanca. Creo que Dios debe estar limpiando el polvo; y sopla el viento, así que espero leer en The Republican "Señales de alerta para Amhers" o "Ningún barco ha zarpado de Phoenix Row"...la vida es tan rotatoria que el desierto le toca a cada uno alguna vez."
Fragmento de una carta dirigida por Emily a sus primas, Louis y Frances Nocross
domingo, 27 de marzo de 2022
"Caminaré hacia donde me lleve mi propia naturaleza"
La siguiente novela de Charlotte, Shirley (1849), se considera un retrato de Emily.
Charla breve sobre Charlotte
Miss Brontë & Miss Emily & Miss Anne acostumbraban guardar sus elementos de costura después de rezar, y caminar las tres una detrás de la otra alrededor de la mesa en la sala hasta casi las once. Miss Emily caminaba lo más que podía, y cuando murió Miss Anne & Miss Brontë continuaron con la costumbre –y ahora se me estruja el corazón cuando escucho a Miss Brontë que camina, sigue caminando, sola.
Anne Carson
"Voy a escribir porque no puedo evitarlo"
Charlotte Brontë, ante la negativa de los editores cuando enviaba manuscritos para ser publicados, empezó a mostrar todos los signos de la frustración de una joven escritora: estaba enfadada consigo misma por permanecer desconocida y enfadada con el mundo por su renuencia a conocerla. Se enfrentaba a uno de los más grandes desafios, el sexismo en los círculos literarios de su época. Envió algunos poemas a Robert Southey, el poeta laureado, quien respondió que "la literatura no puede ser el negocio de la vida de una mujer, y no debería serlo." Tenía veintiún años, y envolvió este espantoso consejo con una nota de su propia mano: "Consejo de Southey para ser guardado para siempre."
viernes, 25 de marzo de 2022
Poseer una Susan mía propia
Poseer una Susan mía propia
Es de por sí una Bienaventuranza –
Sea el que sea el Reino que yo pierda por condena, Señor,
¡Perpetúame en este!
"A Mi Pequeño Hogar llegó Su fuego –
Y toda Mi Casa Encendida
Sopló y meció, con repentina luz –
Era Amanecer – era el Cielo –"
Emily Dickinson
Desconcertada solo un día o dos -
Desconcertada solo un día o dos -
Turbada - no temerosa -
Encuentro en mi jardin
Una Joven inesperada.
Ella hace una señal y comienzan los bosques -
Ella asiente, y empieza todo -
¡Ciertamente, en tal país
Yo no había estado nunca!
Emily Dickinson
jueves, 24 de marzo de 2022
Gansos Salvajes
No tienes que ser buena.
No tienes que caminar de rodillas
cien kilómetros a través del desierto, arrepintiéndote.
Sólo tienes que dejar que el animal suave de tu cuerpo
ame lo que ama.
Háblame de desesperanza, la tuya, y yo te contaré la mía.
Mientras tanto el mundo continúa.
Mientras tanto el sol y los guijarros claros de la lluvia
avanzan a través de los paisajes,
sobre praderas y árboles profundos,
las montañas y los ríos.
Mientras tanto los gansos salvajes, altos en el aire limpio y azul,
se dirigen nuevamente a casa.
Quienquiera que seas, no importa cuán solitaria,
el mundo se ofrece a tu imaginación
te llama como los gansos salvajes, estridentes y emocionantes–
una y otra vez anunciando tu lugar
en la familia de las cosas.
Mary Oliver, de Dream Work
Río arriba
"No podría ser poeta sin el mundo natural. Alguien más podría. Pero no yo. Para mí la puerta de los bosques es la puerta del templo."
Mary Oliver, Upstream: Selected Essays
miércoles, 23 de marzo de 2022
Diario de la mujer es ponja
LAS MUJERES YA NO QUIEREN CALLAR
a Carmen Luz Bejarano
y a todas las mujeres que hicieron de la escritura
una alfombra mágica para volar.
Sor Juana no murió por la peste sino de cinco palabras.
"Yo, la peor de todas", fue su triste derrota.
Ni sacerdotes, ni lacayos, ni nobles venidos de ultramar
lograron doblegar sus metáforas,
poderosas como espadas, brillantes como un rayo vengador.
Su mente de tan diáfana traspasaba los muros
de las convenciones y los cuerpos celestes
rodando noche tras noche sobre su implacable cabeza.
Cálculos, teoremas, astronomía, el verso perfecto,
¿qué no podían sus manos, sus bellos ojos de mestiza?
Administraba el convento y filosofaba con el polvo,
¿qué no podían sus labios de fresa, su pensamiento candente?
"Salvo tú misma, nadie es tu peor enemigo",
escribiría con certeza Emily Dickinson dos siglos después
y Sor Juana decidió humillarse ante ella misma
ser su peor enemiga
y morir.
¿Por qué las que portaban úteros y ovarios debían de callar,
por qué sus sombras se alargaban tristes y calladas al atardecer?
¿quién decretó el patrimonio de la tinta para un solo sexo?
Relámpagos sobre las cúpulas monacales recordaban
la fatua mortalidad en los virreinatos
dios y los hombres gobernaban con leyes, con sexo, con premura.
Ciudadano era quien portaba una espada, un escudo ibérico,
una bolsa de monedas manchadas con la sangre y la desdicha
de un continente domado.
Pero ser humano era cualquiera
encontrado muerto en los socavones de las minas,
mujeres reproductoras de nuevos habitantes en una vieja historia.
En Calca, Clorinda Matto observaba las altas cimas
y el verdor de mayo de sus tierras andinas.
¿Por qué la naturaleza se renueva y el mundo de los hombres no?,
¿qué maleficio estamos pagando en este reino?
Harta de preguntas y de ser desplazada
se alzó ante el oprobio y cabalgó por la escritura.
Ni la raza indígena ni las mujeres eran bestias en la viña del señor,
se repetía una y otra vez.
Hacía menos de cien años Olympia de Gouges había visto rodar
su frágil cabeza, aguillotinada por sus colegas que buscaban
como ella una nueva sociedad más justa,
más libre, más fraternal.
‘No debió meterse en asuntos impropios de la mujer’
‘¡qué locura redactar una declaración de la mujer y la ciudadana
si ya teníamos una perfecta para toda la humanidad!’,
gritaba la horda de revolucionarios franceses.
Temerosa, Clorinda escribía febril sus historias
seres sin hogar como las aves sin nido,
turbia semblanza de un país que soñaba ser blanco,
con mujeres de azúcar y hombres de traje y copa.
Loca, renegada, india bruta, escandalosa, insurrecta,
la humillaron costeños, señoriales, honorables ciudadanos
y la arrojaron del país como se lanza
un perro rabioso, atado y mil veces escupido, al mar.
Loca, demente, repitieron también a Mercedes Cabellos
y la destruyeron los que con la envidia y la intolerancia
edificaron un país.
Extraña es la mente de quienes expulsan de sus mundos
lo que les incomoda, lo que no encaja en sus cálculos diminutos.
Nunca entenderemos la extraña química cerebral de san Agustín
tildándonos de demonios sólo porque fornicó con miles de mujeres
y los ojos se les blanqueaban de placer y profería alabanzas,
el cuerpo entero le temblaba como un poseso
y como un poseso corría detrás de todas arrobado por la dulzura
de sus caderas, por la deliciosa caída de sus senos,
buscando ese desesperado instante en que rozaba la eternidad,
como un dios.
Culpable y asqueado, arrojó de sí la espina y la llamó demonio.
Como una espina fue en las mujeres el amor de los hombres.
Delmira Agustini murió confirmando esa ley con una bala en su pecho.
María Luisa Bombal escribió todas las desdichas de todas
las esposas y luego disparó contra su amor.
El rumor de la infelicidad en “La última niebla”,
un aborto en “La amortajada”,
el liberador destino de las mujeres en “El árbol”.
¿Por qué cuando por fin las mujeres podían escribir, después
de tantos siglos de luchas, sólo escribían de sus penurias?
Alfonsina Storni, cantarina, chúcara y siempre rebelde
antes de hundirse en el mar enseñaba:
"Bien pudiera ser que todo lo que en verso he sentido
no fuera más que aquello que nunca pudo ser,
no fuera más que algo vedado y reprimido
de familia en familia, de mujer en mujer".
Tres años después, en la otra orilla del Atlántico,
Virginia Woolf también ahogaba en las aguas
a mises Dalloway, sus tres guineas, la androginia de Orlando,
la mañana tan triste en que no pudo entrar a la biblioteca pública
por ser mujer.
Alfonsina y Virginia flotando en las aguas
aprendiendo con la muerte la implacable lección de ser
finalmente
arrastradas dóciles por la marea,
con los labios blancos como estatuas
cansadas de luchar palabra tras palabra contra la corriente.
¿Acaso no es más fácil ser construida con la mirada ajena,
existir sartreanamente para el otro, sentir freudianamente
la envidia del pene, tener hegelianamente sólo orgasmos vaginales?
¿Escribir sobre amores y cocinas, ser hembras de machos poderosos,
gemir en los poemas, ser lineales, ganar premios de obediencias?
Rosario Castellanos espetó a todas: “Poesía no eres tú”
y la tarea de recoger ladrillo tras ladrillo era más penosa
que imitar al resto y sentenció, otra vez: “Mujer
que sabe latín, no se casa, ni tiene buen fin”,
después un rayo fulminante –atrapado en los amperios
de un insignificante foco– la partió en dos
y cayó vencida de tanta luz.
De ese mismo fuego se nutrió y murió Clarice Lispector.
¡Ah, Clarice, Clarice!,
nunca nos hablaste de la herida que te mantenía insomne,
mejor era el silencio
y construir esas historias tan diminutas y tan vastas,
como un inmenso y sediento desierto atrapado en un dedal.
¿Por qué tenías que matar a la mujer enamorada en “El búfalo”
y en “Amor” trastocaste de esa manera a la burguesa
que no alcanzaba a comprender cómo un ciego
podía masticar un chicle indiferente al rugir
de las vías del tranvía?
¿Por qué en “Preciosidad” asesinaste
como quien mata veloz y hábil a una mosca
la aspiración femenina de la adolescencia?
Tacos, peinados, la falda ondulante, la risa leve, el corazón a prisa
toda esa dulce parafernalia la aplastaste como a una mosca,
hábil y veloz.
Sin ti ya no puedo vivir, Clarice.
Dudo que ninguna mujer pueda ser la misma después de leer
“El crimen del profesor de matemáticas”
y la agonía lacerantemente femenina de “El búfalo”.
La muerte es una mosca revoloteando la fruta.
Molesta, diminuta, esquiva,
su zumbido nos recuerda la materialidad,
que es el cuerpo,
acosadora, siempre acosado
el cuerpo.
“Ejercicios materiales” es lo que hacemos las mujeres
cuando escribimos poesía.
Blanca Varela miró el mar de Supe y creó el universo
en “Ese puerto existe”
y la muerte que ronda la vida
en “Casa de cuervos”
y la triste y luminosa misión de quienes escribimos poesía
en “Pobres matemáticas”.
Carmen Luz Bejarano también atrapó el mar
sus mareas y caracolas encerrándolas en palabras.
De los parajes de Acarí conocía las casas aplastadas a la tierra.
Nada crecía sino la esperanza
y la poesía era la alfombra mágica que la transportaba
a otros cielos más luminosos.
¡Ah, poesía, sólo ella entiende de elevaciones,
de precipicios a la hora del verso!
Atrapada en ese áspero paisaje ella soñaba:
“Casandra despliega sus paisajes interiores,
un universo que cabe en sus pequeñas manos
...Casandra ama sus íntimos paisajes”.
Extensa, incisiva, casi lacerante
me he derramado en estas letras.
No aspiro como Sor Juana a morir de cinco palabras.
En verdad, ya nadie muere de esa intoxicación simbólica.
Sólo he buscado como Casandra atrapar en mis pequeñas manos
la ira
el dolor
los desamores
de las mujeres que con sus cuerpos
y sus obras
narraron la letanía y el furor de sus épocas
fieles
siempre fieles
a sus paisajes interiores.
1 de septiembre de 2003
- Doris Moromisato, Diario de la mujer es ponja
martes, 22 de marzo de 2022
Adrienne Rich: Me muestras los poemas de otra mujer
Me muestras los poemas de otra mujer
de mi edad, o más joven,
traducidos de tu idioma al mío
Algunas palabras aparecen: enemigo, horno, pesadumbre
suficientes para entender
que esa mujer vive en mi tiempo
obsesionada
por el Amor, nuestro tema:
lo hemos adherido como hiedra a nuestros muros
horneado como pan en nuestros hornos
lo hemos llevado como plomo en nuestros tobillos
lo hemos observado con nuestros prismáticos
como si fuera un helicóptero
que viene a saciar nuestra hambre
o el satélite
de un poder hostil
Empiezo a ver a esa mujer
haciendo cosas: removiendo el arroz
planchando una falda
mecanografiando un manuscrito hasta el amanecer
trata de hacer una llamada
desde una cabina telefónica
El teléfono suena con insistencia
en la habitación de un hombre.
Escucha que él le dice a otra
No importa. Se cansará.
Lo escucha contándole su historia a su hermana
que se convertirá en su enemiga
y que, a su tiempo,
iniciará su propio camino hacia el sufrimento
ignorando que este tipo de dolor
es compartido, innecesario
y político.
Adrienne Rich, "Traducciones"
lunes, 21 de marzo de 2022
Lene Kilde: los niños y sus emociones
Lene Kilde, una escultora con sede en Noruega, crea obras en las que las partes del cuerpo crean escenas. Como dice Kilde, su intención "es invitar a la audiencia a usar su propia imaginación para que puedan completar las esculturas y rellenar las líneas y el volumen por sí mismos"
domingo, 20 de marzo de 2022
Las mujeres fuertes pueden decir No
Una mujer fuerte es una mujer esforzada
una mujer fuerte es una mujer que se sostiene
de puntillas y levanta unas pesas
mientras canta A las barricadas
Una mujer fuerte es una mujer manos a la obra
limpiando el pozo negro de la historia
y mientras saca la porquería con la pala
habla de que no le importa llorar
y vomitar estimula los músculos del estómago
y sigue dando paladas con lágrimas en la nariz
Una mujer fuerte es una mujer en cuya cabeza
se repite una voz: te lo dije,
fea, mala, perra, regañona, histérica, bruja,
rompepelotas, nadie te volverá a amar,
¿por qué no eres femenina ? ¿por qué no lo eres?
¿Por qué no eres suave, discreta?
Una mujer fuerte es una mujer
empeñada en hacer algo que los demás
están empeñados en que no se haga.
Está empujando
la tapa de un ataúd de plomo desde dentro
está intentando levantar con la cabeza
la tapa de una alcantarilla, está intentando
romper una pared de acero a cabezazos.
Le duele la cabeza. La gente que espera
a que haga el agujero le dice: date prisa
¡Eres tan fuerte!
Una mujer fuerte es una mujer que sangra por dentro
Una mujer fuerte es una mujer que se hace a sí misma
fuerte cada mañana
mientras se le sueltan los dientes
y la espalda la destroza.
Cada niño, un diente, solían decir antes
y ahora, por cada batalla, una cicatriz.
Una mujer fuerte es una masa de cicatrices
que duelen cuando llueve, y de heridas que sangran
cuando se las golpea, y de recuerdos
que se levantan por la noche y recorren la casa
de un lado a otro, calzando botas.
Una mujer fuerte es una mujer que ansía el amor
como si fuera oxígeno para no ahogarse.
Una mujer fuerte es una mujer que ama con fuerza
y llora con fuerza y se aterra con fuerza
y tiene necesidades fuertes.
Una mujer fuerte es fuerte en palabras,
en conexión, en sentimientos;
no es fuerte como la piedra
sino como la loba amamantando a sus cachorros.
La fuerza no está en ella, pero la representa
como el viento llena una vela.
Lo que la conforta es que los demás la amen
tanto por su fuerza como por la debilidad
de la que ésta emana, como el relámpago de la nube.
El relámpago deslumbra.
Llueve, las nubes se dispersan.
Sólo permanece el agua de la conexión fluyendo por nosotras.
Fuerte es lo que nos hacemos unas a otras.
Hasta que no seamos fuertes juntas
una mujer fuerte es una mujer fuertemente asustada.
Marge Piercy
sábado, 19 de marzo de 2022
Alejandra Pizarnik: Árbol de Diana
ebria de inmovilidad y de certeza.
Alejandra Pizarnik
Es todo lo que tengo hoy para traer-
Es todo lo que tengo hoy para traer-
Esto, junto con mi corazón-
Esto, y mi corazón y todos los campos-
Y toda la amplitud de los prados-
Haz bien la cuenta -no sea que alguien
pueda decir que me olvidé de algo-
Esto, y mi corazón, y todas las Abejas
Que habitan en el Trébol.
Emily Dickinson
Sobre piedras para dormir
viernes, 18 de marzo de 2022
Adrienne Rich: Este hogar atestado de libros fácilmente podría quebrarse
Este hogar atestado de libros facilmente podría quebrarse
ante las voraces mandíbulas y los ojos devastadores
de los monstruos. Una vez que abramos esos libros, veremos
el lado oscuro de cuánto hemos amado–
el estante y las pinzas listos, la mordaza
con la que hasta las mejores voces tuvieron que mascullar,
el silencio que entierra en la arena del desierto
a las niñas no deseadas —mujeres, marginadas, testigos.
Kenneth me cuenta que está ordenando sus libros de modo
que mientras escribe puede ver a Blake y a Kafka;
sí, y todavía hay que ajustar cuentas con Swift,
que detesta el cuerpo de la mujer pero les alaba la mente,
con el terror de Goethe por las madres, con Claudel vilipendiando a Gide
y tantos fantasmas...Manos entrelazadas a través de los siglos—
de las artistas que murieron en el parto,
de las sabias calcinadas en la hoguera,
siglos de libros sin escribir, apilándose detrás de estos estantes;
y aún hemos de sentir la ausencia
de hombres que no debieron, y de las mujeres que no pudieron, hablarle
a nuestra vida— este hoyo aún sin excavar
llamado civilización, este acto de traducción, este medio-mundo.
Adrienne Rich