Béla Tarr, Kárhozat (La Condena) 1987
"Lo que va a pasar aquí es solo una de las millones de formas que hay de ruina."
Karrer, La condena
Sobre un paisaje húmedo, el sonido ocasional, de la inercia y la fricción emitida por el movimiento de un teleférico minero, altera el silencio donde Karrer (Miklós Székely B.) el protagonista vive, un apartamento austero y con pocos muebles como los medios de transporte letárgicos que recorren sin fin un paisaje desolado, cubierto con velo en la niebla.
Esta secuencia de apertura de Kárhozat impregna la esencia misma de la película. El primer proyecto de colaboración entre el novelista húngaro László Krashnahorkai y Béla Tarr (junto con la editora y la esposa de Tarr, Agnes Hranitzky).
La Condena, es un retrato sombrío y nihilista de aislamiento, la traición emocional, y el tedio. Utilizando una cámara estática, detenida durante interminables segundos en cosas, paisajes o personas, el espectador traspasa la barrera del tiempo cinematográfico y lo trasciende, o la profundidad de campo, al ritmo -o la coreografía- de los movimientos/paseos/traveling de la cámara en los largos planos secuencia que no cesan de encuadrar y reencuadrar, ejercicio visual, que dota a las imágenes de resonancias míticas u oníricas y que marcará la pauta respecto al tono contemplativo y alucinatorio en el que se desenvuelve toda la película, movimiento lánguido de los personajes, inclemencias del tiempo generalizado, sombrío paisaje industrial, y una banda de sonido hipnótico por el compositor Mihaly Vig, Tarr refleja la desolación y el letargo espiritual de los protagonistas sin rumbo y moralmente en bancarrota. Bellamente filmada y con actuaciones inolvidables, esta película cimentó el estatus de Tarr como uno de los directores más interesantes y potentes del cine.
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