jueves, 18 de octubre de 2018

Internado para Indios: Los fugitivos - Louise Erdrich




El hogar es el lugar al que nos dirigimos en nuestro sueño.  
Los furgones que se bambolean hacia el norte en los sueños
no nos esperan. Nos subimos en marcha. 
Las vías, viejas laceraciones que amamos,  
atraviesan la cara, paralelas y terminan  
justo debajo de las Montañas Tortuga. Si uno va montado en cicatrices,
no se pierde. El hogar es el lugar donde cruzan.

El guardia cojo enciende un fósforo y hace menos tolerante  
la oscuridad. Miramos a través de las rendijas de las tablas  
mientras la tierra comienza a rodar, a rodar hasta que duele  
estar aquí, con frío, en ropa reglamentaria.

Sabemos que el sheriff nos espera a mitad de camino
para llevarnos de vuelta. Su coche es cálido y mudo.
La carretera no nos hamaca, solo zumba
como un ala de largos insultos. Las marcas desgastadas  
de antiguos castigos conducen de ida y vuelta.

Todos los fugitivos llevan vestidos, vestidos largos y verdes,
del color que uno creería que tiene la vergüenza. Limpiamos  
las aceras porque es un trabajo vergonzoso.
  
Nuestros cepillos cortan la piedra en arcos húmedos  
y en lo empapado, tiemblan los trazos frágiles, por
un momento, cosas que los niños presionamos en la oscuridad  
contra la cara antes de que se endureciera, palideciera, recordando
delicadas lesiones antiguas, las espinas de los nombres y las hojas.

- Louise Erdrich, Indian Boarding School: The Runaways

viernes, 12 de octubre de 2018

DÍA DE LA HISPANIDAD: NADA QUE FESTEJAR



12 de octubre: nada que festejar

Por: Eduardo Galeano

El Descubrimiento: el 12 de octubre de 1492, América descubrió el capitalismo. Cristóbal Colón, financiado por los reyes de España y los banqueros de Génova, trajo la novedad a las islas del mar Caribe. En su diario del Descubrimiento, el almirante escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios o Nuestro Señor. Él no podía cansar los ojos de ver tanta lindeza en aquellas playas, y el 27 de noviembre profetizó: Tendrá toda la cristiandad negocio en ellas. Y en eso no se equivocó. Colón creyó que Haití era Japón y que Cuba era China, y creyó que los habitantes de China y Japón eran indios de la India; pero en eso no se equivocó.

 Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado. Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser. Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso.

Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible. América, ciega de racismo, no las ve.

El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón escribió en su diario que él quería llevarse algunos indios a España para que aprendan a hablar ("que deprendan fablar"). Cinco siglos después, el 12 de octubre de 1989, en una corte de justicia de los Estados Unidos, un indio mixteco fue considerado retardado mental ("mentally retarded") porque no hablaba correctamente la lengua castellana. Ladislao Pastrana, mexicano de Oaxaca, bracero ilegal en los campos de California, iba a ser encerrado de por vida en un asilo público. Pastrana no se entendía con la intérprete española y el psicólogo diagnosticó un claro déficit intelectual. Finalmente, los antropólogos aclararon la situación: Pastrana se expresaba perfectamente en su lengua, la lengua mixteca, que hablan los indios herederos de una alta cultura que tiene más de dos mil años de antigüedad.

El Paraguay habla guaraní. Un caso único en la historia universal: la lengua de los indios, lengua de los vencidos, es el idioma nacional unánime. Y sin embargo, la mayoría de los paraguayos opina, según las encuestas, que quienes no entienden español son como animales.

De cada dos peruanos, uno es indio, y la Constitución de Perú dice que el quechua es un idioma tan oficial como el español. La Constitución lo dice, pero la realidad no lo oye. El Perú trata a los indios como África del Sur trata a los negros. El español es el único idioma que se enseña en las escuelas y el único que entienden los jueces y los policías y los funcionarios. (El español no es el único idioma de la televisión, porque la televisión también habla inglés.) Hace cinco años, los funcionarios del Registro Civil de las Personas, en la ciudad de Buenos Aires, se negaron a inscribir ek nacimiento de un niño. Los padres, indígenas de la provincia de Jujuy, querían que su hijo se llamara Qori Wamancha, un nombre de su lengua. El Registro argentino no lo aceptó por ser nombre extranjero.
Los indios de las Américas viven exiliados en su propia tierra. El lenguaje no es una señal de identidad, sino una marca de maldición. No los distingue: los delata. Cuando un indio renuncia a su lengua, empieza a civilizarse. ¿Empieza a civilizarse o empieza a suicidarse?

Cuando yo era niño, en las escuelas del Uruguay nos enseñaban que el país se había salvado del problema indígena gracias a los generales que en el siglo pasado exterminaron a los últimos charrúas.

El problema indígena: los primeros americanos, los verdaderos descubridores de América, son un problema. Y para que el problema deje de ser un problema, es preciso que los indios dejen de ser indios. Borrarlos del mapa o borrarles el alma, aniquilarlos o asimilarlos: el genocidio o el otrocidio.
En diciembre de 1976, el ministro del Interior del Brasil anunció, triunfal, que el problema indígena quedará completamente resuelto al final del siglo veinte: todos los indios estarán, para entonces, debidamente integrados a la sociedad brasileña, y ya no serán indios. El ministro explicó que el organismo oficialmente destinado a su protección (FUNAI, Fundacao Nacional do Indio) se encargará de civilizarlos, o sea: se encargará de desaparecerlos. Las balas, la dinamita, las ofrendas de comida envenenada, la contaminación de los ríos, la devastación de los bosques y la difusión de virus y bacterias desconocidos por los indios, han acompañado la invasión de la Amazonia por las empresas ansiosas de minerales y madera y todo lo demás. Pero la larga y feroz embestida no ha bastado. La domesticación de los indios sobrevivientes, que los rescata de la barbarie, es también un arma imprescindible para despejar de obstáculos el camino de la conquista.

Matar al indio y salvar al hombre, aconsejaba el piadoso coronel norteamericano Henry Pratt. Y muchos años después, el novelista peruano Mario Vargas Llosa explica que no hay más remedio que modernizar a los indios, aunque haya que sacrificar sus culturas, para salvarlos del hambre y la miseria.

La salvación condena a los indios a trabajar de sol a sol en minas y plantaciones, a cambio de jornales que no alcanzan para comprar una lata de comida para perros. Salvar a los indios también consiste en romper sus refugiso comunitarios y arrojarlos a las canteras de mano de obra barata en la violenta intemperie de las ciudades, donde cambian de lengua y de nombre y de vestido y terminan siendo mendigos y borrachos y putas de burdel. O salvar a los indios consiste en ponerles uniforme y mandarlos, fusil al hombro, a matar a otros indios o a morir defendiendo al sistema que los niega. Al fin y al cabo, los indios son buena carne de cañón: de los 25 mil indios norteamericanos enviados a la segunda guerra mundial, murieron 10 mil.

 El 16 de diciembre de 1492, Colón lo había anunciado en su diario: los indios sirven para les mandar y les hacer trabajar, sembrar y hacer todo lo que fuere menester y que hagan villas y se enseñen a andar vestidos y a nuestras costumbres. Secuestro de los brazos, robo del alma: para nombrar esta operación, en toda América se usa, desde los tiempos coloniales, el verbo reducir. El indio salvado es el indio reducido. Se reduce hasta desaparecer: vaciado de sí, es un no-indio, y es nadie.

 El shamán de los indios chamacocos, de Paraguay, canta a las estrellas, a las arañas y a la loca Totila, que deambula por los bosques y llora. Y canta lo que le cuenta el martín pescador:

-No sufras hambre, no sufras sed. Súbete a mis alas y comeremos peces del río y beberemos el viento.

 Y canta lo que le cuenta la neblina:

-Vengo a cortar la helada, para que tu pueblo no sufra frío.

 Y canta lo que le cuentan los caballos del cielo:

-Ensíllanos y vamos en busca de la lluvia.
 
Pero los misioneros de una secta evangélica han obligado al chamán a dejar sus plumas y sus sonajas y sus cánticos, por ser cosas del Diablo; y él ya no puede curar las mordeduras de víboras, ni traer la lluvia en tiempos de sequía, ni volar sobre la tierra para cantar lo que ve. En una entrevista con Ticio Escobar, el shamán dice: Dejo de cantar y me enfermo. Mis sueños no saben adónde ir y me atormentan. Estoy viejo, estoy lastimado. Al final, ¿de qué me sirve renegar de lo mío?
                                                                                                      
El shamán lo dice en 1986. En 1614, el arzobispo de Lima había mandado quemar todas las quenas y demas instrumentos de música de los indios, y había prohibido todas sus danzas y cantos y ceremonias para que el demonio no pueda continuar ejerciendo sus engaños. Y en 1625, el oidor de la Real Audiencia de Guatemala había prohibido las danzas y cantos y ceremonias de los indios, bajo pena de cien azotes, porque en ellas tienen pacto con los demonios.

Para despojar a los indios de su libertad y de sus bienes, se despoja a los indios de sus símbolos de identidad. Se les prohíbe cantar y danzar y soñar a sus dioses, aunque ellos habían sido por sus dioses cantados y danzados y soñados en el lejano día de la Creación. Desde los frailes y funcionarios del reino colonial, hasta los misioneros de las sectas norteamericanas que hoy proliferan en América Latina, se crucifica a los indios en nombre de Cristo: para salvarlos del infierno, hay que evangelizar a los paganos idólatras. Se usa al Dios de los cristianos como coartada para el saqueo.

 El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para América:

-Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: "Cierren los ojos y recen". Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia.

Los doctores del Estado moderno, en cambio, prefieren la coartada de la ilustración: para salvarlos de las tinieblas, hay que civilizar a los bárbaros ignorantes. Antes y ahora, el racismo convierte al despojo colonial en un acto de justicia. El colonizado es un sub-hombre, capaz de superstición pero incapaz de religión, capaz de folclore pero incapaz de cultura: el sub-hombre merece trato subhumano, y su escaso valor corresponde al bajo precio de los frutos de su trabajo. El racismo legitima la rapiña colonial y neocolonial, todo a lo largo de los siglos y de los diversos niveles de sus humillaciones sucesivas.

América Latina trata a sus indios como las grandes potencias tratan a América Latina.

Gabriel René-Moreno fue el más prestigioso historiador boliviano del siglo pasado. Una de las universidades de Bolivia lleva su nombre en nuestros días. Este prócer de la cultura nacional creía que los indios son asnos, que generan mulos cuando se cruzan con la raza blanca. Él había pesado el cerebro indígena y el cerebro mestizo, que según su balanza pesaban entre cinco, siete y diez onzas menos que el cerebro de raza blanca, y por tanto los consideraba celularmente incapaces de concebir la libertad republicana.

 El peruano Ricardo Palma, contemporáneo y colega de Gabriel René-Moreno, escribió que los indios son una raza abyecta y degenerada. Y el argentino Domingo Faustino Sarmiento elogiaba así la larga lucha de kis indios araucanos por su libertad: Son más indómitos, lo que quiere decir: animales más reacios, menos aptos para la Civilización y la asimilación europea.

El más feroz racismo de la historia latinoamericana se encuentra en las palabras de los intelectuales más célebres y celebrados de fines del siglo diecinueve y en los actos de los políticos liberales que fundaron el Estado moderno. A veces, ellos eran indios de origen, como Porfirio Díaz, autor de la modernización capitalista de México, que prohibió a los indios caminar por las calles principales y sentarse en las plazas públicas si no cambiaban los calzones de algodón por el pantalón europeo y los huaraches por zapatos.
Eran los tiempos de la articulación al mercado mundial regido por el Imperio Británico, y el desprecio científico por los indios otorgaba impunidad al robo de sus tierras y de sus brazos.
El mercado exigía café, pongamos el caso, y el café exigía más tierras y más brazos. Entonces, pongamos por caso, el presidente liberal de Guatemala, Justo Rufino Barrios, hombre de progreso, restablecía el trabajo forzado de la época colonial y regalaba a sus amigos tierras de indios y peones indios en cantidad.

El racismo se expresa con más ciega ferocidad en países como Guatemala, donde los indios siguen siendo porfiada mayoría a pesar de las frecuentes oleadas exterminadoras.

En nuestros días, no hay mano de obra peor pagada: los indios mayas reciben 65 centavos de dólar por cortar un quintal de café o de algodón o una tonelada de caña. Los indios no pueden ni plantar maíz sin permiso militar y no pueden moverse sin permiso de trabajo. El ejército organiza el reclutamiento masivo de brazos para las siembras y cosechas de exportación. En las plantaciones, se usan pesticidas cincuenta veces más tóxicos que el máximo tolerable; la leche de las madres es la más contaminada del mundo occidental. Rigoberta Menchú: su hermano menor, Felipe, y su mejor amiga, María, murieron en la infancia, por causa de los pesticidas rociados desde las avionetas. Felipe murió trabajando en el café. María, en el algodón. A machete y bala, el ejército acabó después con todo el resto de la familia de Rigoberta y con todos los demás miembros de su comunidad. Ella sobrevivió para contarlo.
Con alegre impunidad, se reconoce oficialmente que han sido borradas del mapa 440 aldeas indígenas entre 1981 y 1983, a lo largo de una campaña de aniquilación más extensa, que asesinó o desapareció a muchos miles de hombres y de mujeres. La limpieza de la sierra, plan de tierra arrasada, cobró también las vidas de una incontable cantidad de niños. Los militares guatemaltecos tienen la certeza de que el vivio de la rebelión se transmite por los genes.

Una raza inferior, condenada al vicio y a la holgazanería, incapaz de orden y progreso, ¿merece mejor suerte? La violencia institucional, el terrorismo de Estado, se ocupa de despejar las dudas. Los conquistadores ya no usan caparazones de hierro, sino que visten uniformes de la guerra de Vietnam. Y no tienen piel blanca: son mestizos avergonzados de su sangre o indios enrolados a la fuerza y obligados a cometer crímenes que los suicidan. Guatemala desprecia a los indios, Guatemala se autodesprecia.
Esta raza inferior había descubierto la cifra cero, mil años antes de que los matemáticos europeos supieran que existía. Y habían conocido la edad del universo, con asombrosa precisión, mil años antes que los astrónomos de nuestro tiempo.
Los mayas siguen siendo viajeros del tiempo: ¿Qué es un hombre en el camino? Tiempo.
Ellos ignoraban que el tiempo es dinero, como nos reveló Henry Ford. El tiempo, fundador del espacio, les parece sagrado, como sagrados son su hija, la tierra, y su hijo, el ser humano: como la tierra, como la gente, el tiempo no se puede comprar ni vender. La Civilización sigue haciendo lo posible por sacarlos del error.

¿Civilización? La historia cambia según la voz que la cuenta. En América, en Europa o en cualquier otra parte. Lo que para los romanos fue la invasión de los bárbaros, para los alemanes fue la emigración al sur.
No es la voz de los indios la que ha contado, hasta ahora, la historia de América. En las vísperas de la conquista española, un profeta maya, que fue boca de los dioses, había anunciado: Al terminar la codicia, se desatará la cara, se desatarán las manos, se desatarán los pies del mundo. Y cuando se desate la boca, ¿qué dirá? ¿Qué dirá la otra voz, la jamás escuchada? Desde el punto de vista de los vencedores, que hasta ahora ha sido el punto de vista único, las costumbres de los indios han confirmado siempre su posesión demoníaca o su inferioridad biológica. Así fue desde los primeros tiempos de la vida colonial:
¿Se suicidan los indios de las islas del mar Caribe, por negarse al trabajo esclavo? Porque son holgazanes.
¿Andan desnudos, como si todo el cuerpo fuera cara? Porque los salvajes no tienen vergüenza.
¿Ignoran el derecho de propiedad, y comparten todo, y carecen de afán de rqueza? Porque son más parientes del mono que del hombre.

¿Se bañan con sospechosa frecuencia? Porque se parecen a los herejes de la secta de Mahoma, que bien arden en los fuegos de la Inquisición.

 ¿Jamás golpean a los niños, y los dejan andar libres? Porque son incapaces de castigo ni doctrina.

 ¿Creen en los sueños, y obedecen a sus voces? Por influencia de Satán o por pura estupidez.

 ¿Comen cuando tienen hambre, y no cuando es hora de comer? Porque son incapaces de dominar sus instintos.

 ¿Aman cuando sienten deseo? Porque el demonio los induce a repetir el pecado original.

 ¿Es libre la homosexualidad? ¿La virginidad no tiene importancia alguna? Porque viven en la antesala del infierno.

En 1523, el cacique Nicaragua preguntó a los conquistadores:

-Y al rey de ustedes, ¿quién lo eligió?

El cacique había sido elegido por los ancianos de las comunidades. ¿Había sido el rey de Castilla elegido por los ancianos de sus comunidades? La América precolombina era vasta y diversa, y contenía modos de democracia que Europa no supo ver, y que el mundo ignora todavía. Reducir la realidad indígena americana al despotismo de los emperadores incas, o a las prácticas sanguinarias de la dinastía azteca, equivale a reducir la realidad de la Europa renacentista a la tiranía de sus monarcas o a las siniestras ceremonias de la Inquisición.
En la tradición guaraní, por ejemplo, los caciques se eligen en asambleas de hombres y mujeres -y las asambleas los destituyen si no cumplen el mandato colectivo. En la tradición iroquesa, hombres y mujeres gobiernan en pie de igualdad. Los jefes son hombres; pero son las mujeres quienes los ponen y deponen y ellas tienen poder de decisión, desde el Consejo de Matronas, sobre muchos asuntos fundamentales de la confederación entera. Allá por el año 1600, cuando los hombres iroqueses se lanzaron a guerrear por su cuenta, las mujeres hicieron huelga de amores. Y al poco tiempo los hombres, obligados a dormir solos, se sometieron al gobierno compartido.

En 1919, el jefe militar de Panamá en las islas de San Blas, anunció su triunfo:

-Las indias kunas ya no vestirán molas, sino vestidos civilizados.

Y anunció que las indias nunca se pintarían la nariz sino las mejillas, como debe ser, y que nunca más llevarían aros en la nariz, sino en las orejas. Como debe ser.
Setenta años después de aquel canto de gallo, las indias kunas de nuestros días siguen luciendo sus aros de oro en la nariz pintada, y siguen vistiendo sus molas, hechas de muchas telas de colores que se cruzan con siempre asombrosa capacidad de imaginación y de belleza: visten sus molas en la vida y con ella se hunden en la tierra, cuando llega la muerte.
En 1989, en vísperas de la invasión norteamericana, el general Manuel Noriega aseguró que Panamá era un país respetuosos de los derechos humanos:

-No somos una tribu -aseguró el general.

Las técnicas arcaicas, en manos de las comunidades, habían hecho fértiles los desiertos en la cordillera de los Andes. Las tecnologías modernas, en manos del latifundio privado de exportación, están convirtiendo en desiertos las tierras fértiles en los Andes y en todas partes.

Resultaría absurdo retroceder cinco siglos en las técnicas de producción; pero no menos absurdo es ignorar las catástrofes de un sistema que exprime a los hombre y arrasa los bosques y viola la tierra y envenena los ríos para arrancar la mayor ganancia en el plazo menos. ¿No es absurdo sacrificar a la naturaleza y a la gente en los altares del mercado internacional? En ese absurdo vivimos; y lo aceptamos como si fuera nuestro único destino posible.

Las llamadas culturas primitivas resultan todavía peligrosas porque no han perdido el sentido común. Sentido común es también, por extensión natural, sentido comunitarios. Si pertenece a todos el aire, ¿por qué ha de tener dueño la tierra? Si desde la tierra venimos, y hacia la tierra vamos, ¿acaso no nos mata cualquier crimen que contra la tierra se comete? La tierra es cuna y sepultura, madre y compañera. Se le ofrece el primer trago y el primer bocado; se le da descanso, se la protege de la erosión.

Es sistema desprecia lo que ignora, porque ignora lo que teme conocer. El racismo es también una máscara del miedo.

¿Qué sabemos de las culturas indígenas? Lo que nos han contado las películas del Fas West. Y de las culturas africanas, ¿qué sabemos? Lo que nos ha contado el profesor Tarzán, que nunca estuvo. 

Dice un poeta del interior de Bahía: Primero me robaron del África. Después robaron el África de mi.

La memoria de América ha sido mutilada por el racismo. Seguimos actuando como si fuéramos hijos de Europa, y de nadie más.

A fines del siglo pasado, un médico inglés, John Down, identificó el síndrome que hoy lleva su nombre. Él creyó que la alteración de los cromosomas implicaba un regreso a las razas inferiores, que generaba mongolian idiots, negroid idiots y aztec idiots.
Simultáneamente, un médico italiano, Cesare Lombrosos, atribuyó al criminal nato los rasgos físicos de los negros y de los indios.

Por entonces, cobró base científica la sospecha de que los indios y los negros son proclives, por naturaleza, al crimen y a la debilidad mental. Los indios y los negros, tradicionales instrumentos de trabajo, vienen siendo también desde entonces, objetos de ciencia.

En la misma época de Lombroso y Down, un médico brasileño, Raimundo Nina Rodrigues, se puso a estudiar el problema negro. Nina Rodrigues, que era mulato, llegó a la conclusión de que la mezcla de sangres perpetúa los caracteres de las razas inferiores, y que por tanto la raza negra en el Brasil ha de constituir siempre uno de los factores de nuestra inferioridad como pueblo. Este médico psiquiatra fue el primer investigador de la cultura brasileña de origen africano. La estudió como caso clínico: las religiones negras, como patología; los trances, como manifestaciones de histeria.

 Poco después, un médico argentino, el socialista José Ingenieros, escribió que los negros, oprobiosa escoria de la raza humana, están más próximos de los monos antropoides que de los blancos civilizados. Y para demostrar su irremediable inferioridad, Ingenieros comprobaba: Los negros no tienen ideas religiosas.

En realidad, las ideas religiosas habían atravesado la mar, junto a los esclavos, en los navíos negreros. Una prueba de obstinación de la dignidad humana: a las costas americanas solamente llegaron los dioses del amor y de la guerra. En cambio, los dioses de la fecundidad, que hubieran multiplicado las cosechas y los esclavos del amo, se cayeron al agua.

Los dioses peleones y enamorados que completaron la travesía, tuvieron que disfrazarse de santos blancos, para sobrevivir y ayudar a sobrevivir a los millones de hombres y mujeres violentamente arrancados del África y vendidos como cosas. Ogum, dios del hierro, se hizo pasar por san Jorge o san Antonio o san Miguel, Shangó, con todos sus truenos y sus fuegos, se convirtió en santa Bárbara. Obatalá fue Jesucristo y Oshún, la divinidad de las agus dulces, fue la Virgen de la Candelaria...

Dioses prohibidos. En las colonias españolas y portuguesas y en todas ls demás: en las islas inglesas del Caribe, después de la abolición de la esclavitud se siguió prohibiendo tocar tambores o sonar vientos al modo africano, y se siguió penando con cárcel la simple tenencia de una imagen de cualquier dios africano. Dioses prohibidos, porque peligrosamente exaltan las pasiones humanas, y en ellas encarnan. Friedrich Nietzsche dijo una vez:

-Yo sólo podría creer en un dios que sepa danzar.

Como José Ingenieros, Nietzsche no conocía a los dioses africanos. Si los hubiera conocido, quizá hubiera creído en ellos. Y quizá hubiera cambiado algunas de sus ideas. José Ingenieros, quién sabe.

La piel oscura delata incorregibles defectos de fábrica. Así, la tremenda desigualdad social, que es también racial, encuentra su coartada en las taras hereditarias.Lo había observado Humboldt hace doscientos años, y en toda América sigue siendo así: la pirámide de las clases sociales es oscura en la base y clara en la cúspide. En el Brasil, por ejemplo, la democracia raciasl consiste en que los más blancos están arriba y los más negros abajo. James Baldwin, sobre los negros en Estados Unidos:

 -Cuando dejamos Mississipi y vinimos al Norte, no encontramos la libertad.

Encontramos los peores lugares en el mercado de trabajo; y en ellos estamos todavía.

Un indio del Norte argentino, Asunción Ontíveros Yulquila, evoca hoy el trauma que marcó su infancia:

-Las personas buenas y lindas eran las que se parecían a Jesús y a la Virgen.

Pero mi padre y mi madre no se parecían para nada a las imágenes de Jesús y la Virgen María que yo veía en la iglesia de Abra Pampa.

La cara propia es un error de la naturaleza. La cultura propia, una prueba de ignorancia o una culpa que expiar. Civilizar es corregir.

El fatalismo biológico, estigma de las razas inferiores congénitamente condenadas a la indolencia y a la violencia y a la miseria, no sólo nos impide ver las causas reales de nuestra desventura histórica. Además, el racismo nos impide conocer, o reconocer, ciertos valores fundamentales que las culturas despreciadas han podido milagrosamente perpetuar y que en ellas encarnan todavía, mal que bien, a pesar de los siglos de persecución, humillación y degradación. Esos valores fundamentales no son objetos de museo. Son factores de historia, imprescindibles para nuestra imprescindible invención de una América sin mandones ni mandados. Esos valores acusan al sistema que los niega.

Hace algun tiempo, el sacerdote español Ignacio Ellacuría me dijo que le resultaba absurdo eso del Descubrimiento de América. El opresor es incapaz de descubrir, me dijo:

 -Es el oprimido el que descubre al opresor.

Él creía que el opresor ni siquiera puede descubrirse a sí mismo. La verdadera realidad del opresor sólo se puede ver desde el oprimido.

Ignacio Ellacuría fue acribillado a balazos, por creer en esa imperdonable capacidad de revelación y por compartir los riesgos de la fe en su poder de profecía.

¿Lo asesinaron los militares de El Salvador, o lo asesinó un sistema que no puede tolerar la mirada que lo delata?

Fuente: http://pacosalud.blogspot.com/2018/10/12-de-octubre-nada-que-festejar.html




"Las naciones no son comunidades y nunca lo han sido. La historia de cualquier país, se presenta como la historia de una familia: oculta los feroces conflictos de interés (a veces estallando, a menudo reprimiéndolos) entre conquistadores y conquistados, amos y esclavos, capitalistas y trabajadores, dominadores y dominados en la raza y el sexo. Y en un mundo de semejante conflicto, en un mundo de víctimas y verdugos, el trabajo de la gente que piensa, como Albert Camus sugirió, es no estar del lado de los verdugos" -  Howard Zinn, A People's History of the United States, 1980)

"La mayor amenaza para la paz es el aluvión de propaganda derechista que retrata la guerra como algo decente, honorable y patriótico" - Jeannette Rankin (activista pacifista)

Nacionalismo: el nuevo opio del pueblo




"La patria no es el lugar donde se nace, sino donde se es libre" - Mario Onaindía

"El Estado es superación de toda sociedad natural, es mestizo y plurilingüe" - Ortega y Gasset

"El patriotismo es la menos perspicaz de las pasiones" - J.L.Borges

"La ideología del siglo XXI debe ser el humanismo global, pero tiene dos peligrosos enemigos: el nacionalismo y el fundamentalismo religioso" - Ryszard Kapuscinski




"El estado nación es tan antinatural y artificial que tuvo que ser impuesto por la violencia extrema. De hecho, esa es la razón principal por la cual Europa fue la parte más salvaje del mundo durante siglos"

- Noam Chomsky

jueves, 11 de octubre de 2018



                     
                         Sara Robin


"Los detalles son la vida, insisto, di todo en tu mente, no te detengas, no analices nada a medida que avanzas, dilo"

 - Jack Kerouac, Los Subterráneos

jueves, 4 de octubre de 2018




                      Lorna Foran, fotografía Mattias Bjorklund


"Pero lo que quería decir es esto: después de que el período de melancolía haya pasado, serás más fuerte que antes, recuperarás tu salud, y encontrarás el paisaje a tu alrededor tan hermoso que no querrás más que pintura"

- Vincent van Gogh



                Tatjana Patitz y Linda Spierings en Azzedine Alaïa Fall 88 de Peter Lindbergh



"Si el sueño es una traducción de la vida de vigilia, la vida de vigilia también es una traducción del sueño" 

 - René Magritte

miércoles, 3 de octubre de 2018



                   Henri Matisse, Oceanie, la mer, 1946 (detalle)

(Gouache sobre papel, cortado y pegado sobre papel montado sobre lienzo)


Dos paneles, Oceanía, el mar y Oceanía, el cielo, realizados exclusivamente con recortes simples y sorprendentes por su brillo, marca el comienzo de un nuevo comienzo, el de los gouaches cortados, que constituyen el último período del arte de Matisse.


Estas formas blancas (aves que se hunden y medusas flotantes, tiburones buceadores y algas temblorosas) cristalizaron los recuerdos de Matisse de un viaje a Tahití en 1930



              Cy Twombly, Algunas flores para Suzanne, 1982


"Las últimas palabras de Johann Wolfgang Von Goethe fueron "más luz...", así que estoy bastante segura de que las mías serán

Más flores / más rosa / más telas amarillas / más ópalo / más cariño al cielo como si fuera nuestra madre / más besos en la frente / más cuerpos de agua / más desiertos / más ciudades en las que nunca viviremos pero que amaremos con todo nuestro corazón / más mandolinas / más libros de 500 páginas / más libros de 40 páginas / más porches / más ascensores / más cabinas de comedor de cuero rajado / más amor tranquilo / más amor propio / más pensamiento antes de hablar / más autopistas / más ventanillas de coches bajadas / más sonrisas con todos nuestros dientes, incluso si nos avergonzamos de ellos / más risas, incluso si nuestras risas se estrellan en cada habitación / más luz / más navajas / optimismo más cauteloso / más a pesar de / más mañanas / más desapego / más sin temor a la palabra "amor" / más sin temor a la palabra "más "/ Más todo / todo / todo"

-  Lydia Havens, publicado, Ink and Nebula



            Mujer leyendo en chaise longue, Louis Fleckenstein (1907-1943)


"Chica luna, ¿a dónde fuiste?"

- Anne Sexton, Iron Hans, Transformations

sábado, 29 de septiembre de 2018




            Alfred Stieglitz, Marie Rapp-Boursault  (1915)


"creo que árboles y cosas tienen hijos dormidos, sobre los que velan Inclinados"

- Gabriela Mistral, La Dulzura, de Desolación

viernes, 28 de septiembre de 2018

miércoles, 26 de septiembre de 2018




              August Sander, Sin título, Mujer, 1930-40



Caim es una palabra celta que originalmente era el nombre de un espíritu protector en los primeros días precristianos. Caim es una oración de protección y está asociada con la idea de dibujar un círculo protector como un medio de seguridad y santuario.

Significa un círculo invisible que colocas a tu alrededor con tu dedo índice derecho extendiendo tu brazo hacia el suelo y girándolo en el sentido de las agujas del reloj. Al hacerlo, tomas conciencia de que estás segura y rodeada de los poderes en los que crees; que estás rodeada, envuelta y protegida. Dibujarlo o imaginarlo en situaciones abrumadoras para crear un lugar de calma, seguridad y paz.




      
           August Sander, Sin título, Mujer, Westerwald 1920 - 1930



"Tal vez eres, como yo, una romántica que sueña con algo muy espiritual"

- Federico García Lorca, de una carta a María del Reposo Urquía (1918)

lunes, 24 de septiembre de 2018




              Anne Sullivan Leyendo a Helen Keller, Radcliffe College (1887-1936)

miércoles, 19 de septiembre de 2018




              Paul Klee, barcos en el diluvio, 1937




                    Ronny Jaques, Quebec  (1951)

                   (de la exposición "Family Of Man" organizada Edward Steichen)

domingo, 16 de septiembre de 2018




            Francesca Woodman, Sin título (Autorretrato con limón)

"La creatividad requiere coraje"

- Henri Matisse


                 
                        Sara Robin


"Cuando yo era niño
un dios solía salvarme
del griterío y la cólera de los hombres;
entonces jugaba tranquilo y bueno,
con las flores del bosque
y las brisas del cielo
jugaban conmigo(...)

Me daba la bienvenida
la armonía del bosque
y aprendía a amar entre las flores.
He crecido en los brazos de los dioses"

- Friedrich Hölderlin, Cuando era niño



                       Sara Robin


"Lo esencial es trabajar en un estado mental que se aproxime a la oración"

- Henri Matisse

sábado, 15 de septiembre de 2018




         Carlo Mattioli, Paisaje con árboles


"Hay tanto que me encanta en este lugar silencioso que me muevo suavemente para no romper un hechizo"

- Peter Matthiessen, El leopardo de las nieves





             George Spencer Watson, Hilda y Maggie (1911)


"A menudo debemos permanecer en silencio; falta un idioma sagrado"

- Friedrich Hölderlin, Homecoming

lunes, 13 de agosto de 2018




              Jan Mankes, Autorretrato con un búho, 1911


Jan Mankes, nació en Meppel, Drenthe, Meppel, Países Bajos, el 5 de agosto de 1889. Es conocido, como el pintor holandés más silencioso.

Cuando contaba con 15 años de edad se trasladó a Delft, allí trabajó como aprendiz de pintor en el taller de una fábrica de vidrio  entre 1905  y 1908.

Compaginó este trabajo con clases nocturnas en la Academia de Bellas Artes de La Haya.

Apasionado con la obra del pintor y grabador Anton Derkzen van Angeren, él también decidió convertirse en un pintor independiente,  libre de enconsertamientos academicistas.

A partir de 1909 vivió con sus padres en una granja en Heerenveen. Le encantanban los búhos, las aves, los murciélagos y las cabras y los paisajes surrealistas y hermosos. Rodeado de pollos, gansos y cabras, pintó sus silenciosas obras maestras.

En 1915 se casó con Annie Zernike, que sería primera mujer ministra en los Países Bajos.

Al año siguiente enfermó de tuberculosis, por lo que se instalaron en Eerbeek, Gelderland, localidad próxima al Parque Nacional de Veluwezoom, con la esperanza de que este ambiente proporcionaría un ambiente más saludable para su enfermedad, allí pudo pasar breves períodos de tiempo con una calidad de vida aceptable, durante los que trabajó incansablemente.

En 1920 sufrió un empeoramiento, muriendo ese mismo año, en Eerbeek, el 23 de abril, tenía sólo 30 años de edad.

Duante su corta vida, realizó alrededor de 200 pinturas, 100 dibujos y 50 grabados.

Las obras representan principalmente personas, elementos del paisaje y animales, en una doble polaridad que expresa la tensión interna y la pérdida, sugiriendo a menudo una interpretación simbólica, pero también armonía y hermandad con todas las criaturas.

En su trabajo, con sus limpios colores sobrios y composiciones equilibradas muestra su gran amor por la naturaleza.

La pintura era para él la expresión de lo indecible, lo misterioso, simbólico, lo puro.


"Pinto o más bien deseo pintar cuadros, en silencio, pero cantando, cantando de hecho por su silencio" 


"Un poema debe estallar con una llama de búsqueda de la verdad y ser una pequeña sinfonía de lenguaje, también."

- Henri Cole,  Orphic Paris



            William Degouve de Nuncques, Niño con búho, 1892



       
                Patrick Swift, Autorretrato con becada, 1950




                Patrick Swift, Oonagh Swift en Roma, 1954-55




                Charles Emile Heil, Carbonero de gorra negra, 1926





                Charles Emile Heil,  Gorrión con rama de cardo  (1870-1950)


"No me gusta comer carne porque he visto corderos y cerdos ser asesinados. Vi y sentí su dolor. Sentían la muerte acercándose. No lo pude soportar. Lloré como un niño. Corrí a una colina y no podía respirar. Sentía que me estaba ahogando. Sentí la muerte del cordero"

-  Vaslav Nijinsky


"La persona que mata por diversión está anunciando que, de poder salir librado de eso, te mataría por diversión. Tu...vida puede no ser trascendente para nadie más pero es inestimable para ti porque es la única que tienes. Exactamente lo mismo es verdad para cada individuo, venado, liebre, conejo, zorro, pez, faisán y mariposa. Los humanos deberían disfutar su propia vida, no tomando otras"

-  Brigid Brophy

viernes, 10 de agosto de 2018




                     Morris Graves, Estudio de búho, 1957

Morris Graves - pintor místico de la naturaleza




Morris Graves (1910 - 2001) fue un pintor estadounidense. Su estilo, mencionado por algunos críticos como Misticismo, utilizó los tonos apagados del entorno del Noroeste, la estética y la filosofía asiáticas, y una iconografía personal de pájaros, flores, cálices y otras imágenes para explorar la naturaleza de la conciencia.

Sus pinturas de pájaros heridos y flores sobrenaturalmente radiantes combinaban el espíritu del trascendentalismo estadounidense con la filosofía asiática. Místico de la naturaleza, cuyos esfuerzos recónditos era evitar lo que él llamaba "el ruido de la era de la máquina de Estados Unidos"

"Pinto para desarrollar un lenguaje cambiante de símbolos con el que destacar las cualidades de nuestras capacidades misteriosas que nos dirigen hacia la realidad última. Pinto para descansar de los fenómenos del mundo externo, pronunciarlo, y hacer anotaciones de su esencia para verificar el ojo interior"

Fue autodidacta. En sus primeros años retomó la escuela secundaria mientras vivía con una tía en Beaumont, Texas, donde tomó uno de los pocos cursos de pintura. Llegó descalzo a la escuela y en su anuario de clase lo describió como "un vagabundo con un aire autoritario, corriendo aquí o allá con flores o lienzo en la mano"

La jardinería también fue su pasión, a Graves le gustaba un pequeño desorden. Construyó sus jardines siguiendo los principios japoneses, enfatizando el misterio, la soledad rústica y un recordatorio de que todo lo que crece también muere.  Hizo pinturas florales de colores vivos, de las que dijo: "no hay ninguna declaración o mensaje más que la presencia de flores y luz"




"El estado de violencia es, según todas las apariencias, el estado natural. Formamos parte de un mundo cuyas reglas de juego son simples: son las reglas del Hambre. Quienes quieren seguir existiendo no tienen más remedio que acatarlas. –Claro que seguir existiendo no es, por supuesto, la única opción posible: que la vida sea un bien no deja de ser una afirmación sin fundamento, por mucho que se utilice como premisa para validar un sinfín de afirmaciones.

Dejar de existir es, según lo entiendo, un acto de libertad, uno de los pocos actos que requieren haberse desprendido de la voluntad de seguir existiendo, lo cual exige saber desarticular el código que llevamos impreso desde el nacimiento–. Todo ser sobrevive a costa de otros. Ésta el la regla principal. Todo ser vivo se alimenta de otros seres, por lo que cualquier acto de supervivencia es un acto de violencia. También el que se defiende violenta. Tanto el que agrede como el que es agredido tratan de sobrevivir y ambos necesitan utilizar la violencia para ello. Por otra parte, vivimos sobre una planeta inestable, propenso a todo tipo de movimientos. Lo que llamamos «inestabilidad» no es sino su manera de mantener la constante de su equilibrio. Cuando estos movimientos naturales nos afectan los llamamos «catástrofes». Percibimos su violencia como agresiones y respondemos a ella tratando de defendernos. 

Pero hay otro tipo de violencia que no tiene nada que ver con la supervivencia. Una violencia gratuita, que se ejerce por placer, por odio o por ambición. Esa violencia es la que distingue al animal humano de los demás animales. No les descubro nada si digo que la historia de la humanidad o, al menos, de la sociedad occidental es la historia del ansia. Sería muy fácil convertir este artículo en un documento de los horrores: bastaría con añadir los enlaces convenientes. Pronto aparecerían ante ustedes relatos de matanzas, ejecuciones, violaciones, accidentes, catástrofes, torturas, crímenes de toda clase, presentes y pasados. Sólo una ojeada a las representaciones pictóricas de los siglos pasados en Europa debería hacernos temblar. Torturas, ejecuciones sangrientas... Al verlas diríamos que la empatía no existía; ¿acaso existe ahora? Entonces se mataba en público entre risas o terror y con un dios por testigo. Ahora se mata en diferido. Ya no hay risas, ni dioses, tampoco terror: sólo indiferencia. Contemplamos la noticia de una matanza con la misma curiosidad mezclada de indiferencia con la que contemplamos aquellas pinturas. Tampoco nos afectan los relatos de torturas. No sentimos helársenos la sangre al oírlos. No se nos eriza el vello en la piel, no sentimos nuestra carne retraerse con el recuerdo del algún daño, de alguna herida. Todo lo más, un ligero movimiento de cabeza o un suspiro. ¿Cual es la razón de tal indiferencia? ¿O es la indiferencia el estado natural?

Nos preocupamos mucho, en esta cultura paternalista, de no «herir la sensibilidad». Nada me gustaría más que lograr herir aquí la sensibilidad del lector, aunque fuese mínimamente. Me conformaría incluso con molestar un poco. La molestia es lo que nos hace detenernos en el camino, quitarnos el zapato y sacudirlo para eliminar la piedra. Un momento de detención es a veces suficiente para que alguien levante la cabeza, mire a su alrededor y descubra que el paisaje es mucho más ancho que el fragmento de horizonte en el que fijamos la vista al caminar. Me gustaría que mis palabras fuesen un revulsivo. Pero sé muy bien que, tal como estamos situados, yo escribiendo en mi ordenador y ustedes leyendo lo que ahora escribo, probablemente sentados en algún lugar próximo a la luz, en otro tiempo y otro lugar, aunque mis palabras lograsen, con suerte, expresar algún tipo de realidad, ningún «Real» –según definición de S. Žižek, aquello que a causa de su carácter traumático / excesivo resulta imposible de integrar en lo que experimentamos como nuestra realidad– llegaría a transmitirse. Aun así, el empeño será, por mi parte, tratar de neutralizar aquí, a mi vez, y con la ayuda de ustedes, la parte de representación que todo relato conlleva"

- Chantal Maillard, ¿Es posible un mundo sin violencia?

  Fuente: Infolibre