Mostrando entradas con la etiqueta John Berger. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta John Berger. Mostrar todas las entradas
lunes, 1 de julio de 2019
lunes, 2 de enero de 2017
El 5 de noviembre y Londres son los nexos en común de John Berger y Tilda Swinton. Son la fecha y el lugar en los que ambos nacieron, aunque con 34 años de diferencia. Ella decía que esas dos coincidencias cimentaron una complicidad que dura más de dos décadas; una relación que bordeaba lo paternofilial y esa pasión íntima que solo comparten un profesor y su discípulo. “Es como si en otra vida hubiésemos hecho algo juntos”, comentaba Berger a Swinton en una de las conversaciones que tuvieron ante una cámara. Son encuentros grabados que sirven de guía para el documental The Seasons in Quincy: Four Portraits of John Berger.
Sus posturas eran radicales y efectivas. Cuando ganó el Booker Prize con la novela G, anunció que compartiría su dotación económica con el grupo de los Panteras Negras. La otra mitad la dedicaría a escribir un libro que denunciara la explotación de empresas como las que patrocinaban el galardón que estaba recogiendo. Este retrato en formato cinematográfico se firma con cuatro cortometrajes en los que Berger fue modelo y coautor al mismo tiempo, un tributo poco ortodoxo a un hombre que entendió el arte como una simbiosis entre la mirada analítica y el impulso creativo. “Si soy un cuentacuentos es porque escucho”, dice Berger en un momento de este original biopic, construido a golpe de conversaciones.
Estaba cerca de cumplir los 90, cuando John Berger despliega su impecable lucidez psicológica en este cuarteto de relatos que firman sus amigos Colin MacCabe, Christopher Roth, Bartek Dziadosz y la propia Swinton. Los recibió en su refugio en los Alpes franceses, donde vivía como un granjero desde hace décadas, y conversó con ellos sobre política, su infancia o su mujer fallecida, Beverly Bancroft. Sus invitados, además de homenajear a su maestro, comparten con él sus propias memorias, convirtiendo lo que parecía un tributo en otra obra, la última, del maestro John Berger.
Sus posturas eran radicales y efectivas. Cuando ganó el Booker Prize con la novela G, anunció que compartiría su dotación económica con el grupo de los Panteras Negras. La otra mitad la dedicaría a escribir un libro que denunciara la explotación de empresas como las que patrocinaban el galardón que estaba recogiendo. Este retrato en formato cinematográfico se firma con cuatro cortometrajes en los que Berger fue modelo y coautor al mismo tiempo, un tributo poco ortodoxo a un hombre que entendió el arte como una simbiosis entre la mirada analítica y el impulso creativo. “Si soy un cuentacuentos es porque escucho”, dice Berger en un momento de este original biopic, construido a golpe de conversaciones.
Estaba cerca de cumplir los 90, cuando John Berger despliega su impecable lucidez psicológica en este cuarteto de relatos que firman sus amigos Colin MacCabe, Christopher Roth, Bartek Dziadosz y la propia Swinton. Los recibió en su refugio en los Alpes franceses, donde vivía como un granjero desde hace décadas, y conversó con ellos sobre política, su infancia o su mujer fallecida, Beverly Bancroft. Sus invitados, además de homenajear a su maestro, comparten con él sus propias memorias, convirtiendo lo que parecía un tributo en otra obra, la última, del maestro John Berger.
El fallecido John Peter Berger (Londres, 1926) era uno de los pocos sabios que quedaban en Europa. Su actividad abarcó la pintura, la novela, el arte, el activismo político y la poesía. Pero, sobre todo, fue conocido como un maestro de la crítica cultural, entendida en el más amplio sentido (no encerrarse en la torre de marfil de la academia, sino buscar utilidades vitales a las experiencias y los saberes).
Su novela 'G.' (1972) obtuvo el Booker Prize y Berger donó la mitad del premio a los Panteras Negras. De hecho, pronunció su discurso de agradecimiento acompañado de un miembro de esta organización quien, según cuenta la leyenda, al verle tan enardecido, le susurraba "tranquilo". Con la otra mitad del premio financió su propia investigación sobre las condiciones de vida de los inmigrantes en el norte de Europa.
El resultado fue ‘Un séptimo hombre’, una irrepetible combinación de periodismo, poesía, teoría social, tratado de ética y reportaje fotográfico: “Nunca antes había habido tanta gente desarraigada. La emigración, forzada o escogida, a través de fronteras nacionales o del pueblo a la capital, es la experiencia que mejor define nuestro tiempo, su quintaesencia”. "La pobreza de nuestro siglo es diferente a la de cualquier otro. No se trata, como la pobreza era antes, el resultado de la escasez natural, sino de un conjunto de prioridades impuestas al resto del mundo por los ricos".
(John Berger, 5 de noviembre de 1926 Highams Park, Londres - París, Francia, 2 de enero de 2017)
Su novela 'G.' (1972) obtuvo el Booker Prize y Berger donó la mitad del premio a los Panteras Negras. De hecho, pronunció su discurso de agradecimiento acompañado de un miembro de esta organización quien, según cuenta la leyenda, al verle tan enardecido, le susurraba "tranquilo". Con la otra mitad del premio financió su propia investigación sobre las condiciones de vida de los inmigrantes en el norte de Europa.
El resultado fue ‘Un séptimo hombre’, una irrepetible combinación de periodismo, poesía, teoría social, tratado de ética y reportaje fotográfico: “Nunca antes había habido tanta gente desarraigada. La emigración, forzada o escogida, a través de fronteras nacionales o del pueblo a la capital, es la experiencia que mejor define nuestro tiempo, su quintaesencia”. "La pobreza de nuestro siglo es diferente a la de cualquier otro. No se trata, como la pobreza era antes, el resultado de la escasez natural, sino de un conjunto de prioridades impuestas al resto del mundo por los ricos".
(John Berger, 5 de noviembre de 1926 Highams Park, Londres - París, Francia, 2 de enero de 2017)
sábado, 5 de noviembre de 2016
"No puedo decirte qué hace el arte y cómo lo hace, pero sé que a menudo el arte ha juzgado a los jueces, vengado a los inocentes y enseñado al futuro los sufrimientos del pasado para que nunca se olviden. Sé también que en ese caso, los poderosos le temen al arte, cualquiera sea su forma, y que esa forma de arte corre entre la gente como un rumor y una leyenda porque encuentra un sentido que las atrocidades no encuentran, un sentido que nos une, porque es finalmente inseparable de la justicia. El arte, cuando obra de ese modo, se vuelve un espacio de encuentro de lo invisible, lo irreductible, lo imperecedero, el valor y el honor"
- John Berger, Cada vez que decimos adiós
miércoles, 5 de octubre de 2016
"¿Que si soy feliz? La verdad es que no creo que la felicidad sea un "estado" del ser humano. La infelicidad puede serlo, pero la felicidad es, por naturaleza, un instante. El instante puede durar unos segundos, un minuto, una hora, un día y una noche, pero no creo que pueda llegar a durar nunca una semana entera. La infelicidad suele parecerse a una novela larga. La felicidad se parece más a una foto."
-John Berger, Para entender la fotografía (textos de John Berger) (Martine Franck, varios faxes a modo de introducción para "De un día a otro")
lunes, 26 de octubre de 2015
"En esta edad oscura en la que vivimos, bajo el nuevo orden mundial, compartir el dolor es una de las condiciones previas esenciales para volver a encontrar la dignidad y la esperanza. Hay una gran parte del dolor que no puede compartirse. Pero sí se puede compartir el deseo de compartirlo. Y en esa forma de compartir inevitablemente inadecuada reside la resistencia"
- John Berger, El tamaño de una bolsa
lunes, 20 de abril de 2015
viernes, 17 de abril de 2015
“El
Rojo no suele ser inocente (mira éste). Pero el rojo que me enviaste lo es! Es
el color rojo de la infancia. Un rojo de mentira. O el rojo de unos párpados
jóvenes cerrados con fuerza: el rojo que veías cuando hacías eso. Lo miro y me
pregunto qué pasará cuando envejezca. Tal vez dejará de ser rojo. Mi conjetura
es que quizá se convierta en negro.
Quizás este rojo nada inocente fuera blanco
cuando era joven! Blanco con un toque de verde como la flor del manzano cuando
se abre. Ahora es el rojo más pesado del mundo. Ningún pájaro podría volar
cerca de él.
Tal vez
mi rojo favorito es el rojo Caravaggio. Lo utiliza en un cuadro tras otro. (La
Muerte de la Virgen, en el Louvre, por ejemplo) Es el rojo por el que se jura
amor eterno. El rojo que tiene como padre el cuchillo. El rojo que Naguib
Mahfouz estaba pensando en El Cairo, cuando escribió:"La amada puede
ausentarse de la existencia, pero el amor no.”
- John Berger, I Send You This Cadmium Red
domingo, 5 de abril de 2015
Cy Twombly, Pétalos de fuego, 1989
John Berger:
Se ha dicho que las pinturas de Cy Twombly se asemejan a la escritura, o son una especie de écriture. Algunos críticos han visto paralelismos entre sus lienzos y la pared de graffiti. Esto tiene sentido. En mi experiencia, sin embargo, sus pinturas se refieren a más de todos los muros por los que paso en las ciudades y contemplo, o las paredes en las que yo también alguna vez garabateé nombres y dibujé diagramas; sus pinturas, como las veo, tocan algo fundamental en la relación del escritor con él o su idioma.
Un escritor se esfuerza continuamente en dar mayor claridad en contra el lenguaje que está usando o, más exactamente, contra el uso común de ese idioma. Él no ve el lenguaje con la legibilidad y claridad de algo impreso. Él lo ve, como un terreno lleno de illegibilities, caminos ocultos, callejones sin salida, sorpresas y oscuridades. Sus mapas no es un diccionario, sino todo el conjunto de la literatura y tal vez todo lo que se ha dicho. En sus oscuridades, sus sentidos pierdidos, su modestia viene por muchas razones - por la forma en que las palabras se modifican entre sí, se escriben ellas mismas una sobre la otra, se cancelan mutuamente, porque lo no dicho siempre cuenta tanto, o más, que lo dicho, y porque el lenguaje nunca puede cubrir lo que significa. El lenguaje es siempre una abreviatura.
Fue Proust quien dijo una vez que toda verdadera poesía se compone de las palabras escritas en un idioma extranjero. Cada uno de nosotros nace con una lengua materna. Sin embargo, la poesía es huérfana de madre.
Voy a tratar de decirlo más sencillo. De vez en cuando yo intercambio cartas y dibujos con un amigo español. Yo (por desgracia) no hablo español, sé algunas palabras, y puedo usar un diccionario. A menudo, en las cartas que recibo hay citas en español de poetas - Borges, Juarroz, Neruda, Lorca. Y yo respondo con otras citas de poemas en español, que he buscado. Las cartas las escribo a mano y, como he de rastrear cuidadosamente las letras de las palabras extrañas en lo que es para mí una lengua extranjera, tengo la sensación, como en ningún otro momento, de caminar en los surcos de un poema, a través del terreno de poesía.
Para mí las pinturas de Cy Twombly son paisajes de este extraño y a la vez familiar territorio. Algunas de ellas parecen estar dispuestas bajo el sol cegador del mediodía, otras se han encontrado al tocarlas en la noche. En ningún caso puede servir un diccionario de palabras como referencia, pues la luz no lo permite. Aquí, en estas pinturas misteriosas tenemos que depender de otras precisiones: precisiones de tacto, de anhelo, de la pérdida, de la expectativa.
No sé de ningún otro artista occidental visual que haya creado una obra que visualiza con colores vivos el espacio silencioso que existe entre y alrededor de las palabras. Cy Twombly es el maestro pictórico de silencio verbal.
Post-Scriptum, notas de Cy Twombly
Catálogo de la Exposición, Loewenbraeu-Areal en Zurich, 2002
Suscribirse a:
Entradas (Atom)