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miércoles, 28 de febrero de 2018

La mentira permanente, nuestra amenaza más mortífera



"El peligro más siniestro al que nos enfrentamos no viene de la supresión de la libertad de expresión a través de la destrucción de la neutralidad en la Red o de los algoritmos de Google, que mantienen alejada a la población de aquellas webs de contenido izquierdista, disidente, progresista o antibélico. No viene tampoco de una reforma de los impuestos que abandona cualquier pretensión de responsabilidad fiscal, enriquece a las corporaciones y a los oligarcas y allana el camino para el desmantelamiento de programas como el de la Seguridad Social. No viene de la explotación de tierras colectivas para beneficio de la industria minera y de los combustibles fósiles, ni tampoco de la aceleración del ecocidio por parte de una legislación medioambiental demoledora, ni por la destrucción de la educación pública. Tampoco viene del despilfarro de fondos federales para inflar el presupuesto militar mientras el país colapsa económicamente, ni del uso de sistemas de seguridad doméstica para criminalizar la disidencia. El peligro más siniestro al que nos enfrentamos viene de la marginalización y destrucción de aquellas instituciones que - incluyendo los tribunales, la academia, los cuerpos legislativos, las organizaciones culturales y los medios de comunicación- en su día garantizaban que el discurso público se anclaba en la realidad y en los hechos, nos ayudaban a distinguir entre la verdad y la mentira y promovían la justicia."


"El resultado de una sustitución sólida y total de la mentira por la verdad fáctica no es que la primera es aceptada como lo verdadero y la verdad es difamada como si fuera una mentira, sino que el sentido en que nos orientamos en el mundo real – y la categoría de lo verdadero frente a lo falso es uno de nuestros medios mentales encaminados a este fin – se está destruyendo”, escribió Hanna Arendt en “Los orígenes del totalitarismo"

"La mentira permanente convierte el discurso político en un teatro absurdo. Donald Trump, que ya mintió acerca del número de asistentes a su investidura pública como presidente a pesar de las evidencias fotográficas, insiste ahora en que, en relación a sus finanzas personales, va “a ser asesinado” por una reforma fiscal [la célebre tax bill] que en realidad le ahorrará a él y a sus herederos más de mil millones de dólares; el Secretario del Tesoro Steven Mnuchin afirma que posee un informe que demuestra que los recortes fiscales se pagarán por sí mismos y no aumentarán el déficit – a pesar de que dicho informe nunca llegó a existir; y el Senador John Cornyn nos dice, contrariando toda evidencia fáctica, que “no se trata de una reforma diseñada ante todo para beneficiar a los ricos y a los grandes negocios”.

Al mismo tiempo, dos millones de acres [alrededor de ocho mil kilómetros cuadrados] de tierras públicas, están siendo entregados a la industria minera y de los combustibles fósiles mientras Trump insiste en que dicho traspaso significa que “las tierras públicas serán una vez más para uso público”. Cuando los ecologistas denuncian que se trata de un robo, el republicano Rob Bishop acusa su posición crítica de “falsa narrativa”. Tras terminar de manera efectiva con la Neutralidad en la Red y la libertad de expresión en Internet, Ajit Pai, presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones [FCC], comenta que “se ha demostrado que aquellos que sugerían que internet tal y como lo conocemos está a punto de desaparecer, están equivocados…Tenemos un internet libre que sigue avanzando ”. Y en los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, frases como “basado en evidencias” y “basado científicamente” están prohibidas.

La mentira permanente es la apoteosis del totalitarismo. Ya no importa qué es verdadero. Solamente importa qué es “correcto”. Las cortes federales se están llenando con jueces imbéciles e incompetentes al servicio de la “correcta” ideología corporativa y de las rígidas costumbres sociales de la derecha cristiana. Simplemente desprecian la realidad, incluyendo la ciencia y el Estado de Derecho; pretenden desterrar a aquellos que viven en un mundo con principios de realidad definidos por la autonomía moral e intelectual. La norma totalitaria siempre destaca lo brutal y lo estúpido, y estos idiotas en el poder no tienen metas ni filosofía política alguna: solamente usan clichés y slogans - la mayoría de los cuales son absurdos y contradictorios- a fin de justificar su codicia y ansias de poder. Y esto es tan válido para la derecha cristiana, que está ocupando el vacío ideológico de la administración Trump, como para los corporativistas que predican el neoliberalismo y la globalización. La fusión de los corporativistas y la derecha cristiana es el matrimonio entre Godzilla y Frankenstein.

“Los políticos corruptos ni siquiera necesitan comprender las consecuencias sociales y políticas de sus comportamientos”, escribió el psiquiatra Joost A.M. Meerloo en “La violación de la mente: la psicología del control mental, el menticidio y el lavado de cerebro”. “No están impulsados u obligados por una creencia ideológica, independientemente de cuánto la racionalicen para convencerse a sí mismos de que sí lo están, sino por las distorsiones de sus propias personalidades. No están motivados por un impulso dirigido a servir a su país o a la humanidad, sino por la abrumadora necesidad y compulsión de satisfacer los anhelos de sus propias estructuras de carácter patológicas. Las ideologías que declaman no son metas reales, sino solamente los mecanismos cínicos por medio de los cuales estos hombres enfermos esperan obtener cierto sentido personal de valor y poder. Estas sutiles mentiras internas les hacen ir de mal en peor: autoengaños defensivos, una visión distorsionada, ausencia de identificación emocional con los otros, degradación de la empatía – la mente tiene muchos mecanismos de defensa con los que cegar la conciencia.”

"El totalitarismo, escribió el novelista y crítico social Thomas Mann, es, en su núcleo más profundo, el deseo de un simple cuento popular. Una vez este cuento popular sustituye a la realidad, la moral y la ética son abolidas. “Aquellos que te pueden hacer creer los despropósitos más absurdos, pueden hacerte cometer las mayores atrocidades”, advirtió Voltaire"

"Las élites corporativas, que incluso en el mejor de los tiempos (sic) jugaron sus cartas contra la gente de color, los pobres y la clase obrera, ya no lo hacen siguiendo regla alguna. Los lobistas, los políticos comprados, los académicos serviles, los jueces corruptos y las celebrities de los informativos de televisión, dirigen un Estado cleptocrático definido por el soborno legalizado y la explotación desenfrenada. Las élites empresariales escriben leyes, regulaciones y reformas para expandir el saqueo de las corporaciones, al mismo tiempo que imponen una deuda que esclaviza y paraliza a la población, como por ejemplo la enorme carga de los préstamos universitarios en los estudiantes; sus medidas austericidas desmantelan los servicios estatales y municipales, como es el caso de la sanidad y la educación pública. Aun así, insisten en que la solución a nuestros problemas se encuentra en las instituciones que ellos mismos han degradado y corrompido; nos piden que invirtamos tiempo y energía en campañas políticas y en apelaciones a los tribunales. Intentan atraernos a su mundo esquizofrénico, donde el discurso racional ha sido sustituido por la charlatanería. Nos piden que hagamos justicia en un sistema diseñado para perpetuar la injusticia. Se trata de un juego al que nunca podemos ganar.

“Toda dignidad reside en el pensamiento” escribió Pascal. “Es al pensamiento a quien debemos confiar nuestra recuperación, no al espacio o al tiempo, los cuales nunca podríamos llenar. Esforcémonos entonces en pensar bien; este es el principio básico de la moralidad”

Hay que enfrentar al poder con más poder. Debemos construir instituciones y organizaciones paralelas que nos protejan del asalto empresarial y resistan a la dominación de las corporaciones. Debemos distanciarnos lo máximo posible de este Estado vampírico. Cuantas más comunidades autónomas podamos crear, con sus propias divisas e infraestructuras, más podremos dañar a la bestia corporativa. Hay que establecer cooperativas de trabajadores, sistemas locales de suministro alimentario basados en dietas veganas y organizaciones culturales, artísticas y políticas independientes. Tenemos que obstruir por cualquier medio posible el asalto de las corporaciones, desde el bloqueo directo de gaseoductos y pozos destinados al fracking, a la ocupación de las calles a través de actos de desobediencia civil contra la censura y el ataque a las libertades civiles, o la creación de “ciudades santuario”. Y todo ello deberá realizarse como siempre se ha hecho: construyendo relaciones personales y cercanas. Quizás no seamos capaces de salvarnos a nosotros mismos - sobre todo por el rechazo de las élites a hacerse cargo de los estragos del cambio climático- pero podemos crear espacios de resistencia donde la verdad, la belleza, la empatía y la justicia perduren."

- Chris Hedges

Fuente: rebelión.org

lunes, 29 de enero de 2018

El precio de la resistencia - Chris Hedges



"En los conflictos que como reportero he tenido que cubrir en Latinoamérica, África, Oriente Medio y los Balcanes, me he encontrado con personas excepcionales, de diversos credos, religiones, razas y nacionalidades, que se erguían de forma majestuosa para desafiar al opresor en nombre de los oprimidos. Algunos de ellos han muerto. Otros han pasado al olvido. La mayoría nos resultan desconocidos.

Esas personas, a pesar de sus inmensas diferencias culturales, tenían rasgos comunes: un profundo compromiso con la verdad, incorruptibilidad, coraje, desconfianza hacia el poder, odio por la violencia y una profunda empatía que abarcaba a la gente que era diferente de ellas, incluso a aquellos que la cultura dominante definía como enemigos. Son los hombres y mujeres más notables que he conocido en mis veinte años de corresponsal en el extranjero. Y he tratado, hasta este mismo día, de ajustar mi vida a los estándares que ellos establecieron"

"Como Hannah Arendt escribió en “Los orígenes del totalitarismo”, las únicas personas moralmente fiables no son las que dicen “esto está mal” o “esto no debería hacerse”, sino las que dicen “No puedo hacerlo”. Saben que como escribió Immanuel Kant: “Si la justicia perece, la vida humana sobre la tierra ha perdido su significado”

"Esta fe es lo que Havel llamaba en su gran ensayo “El poder de los indefensos” vivir en la verdad. Vivir en la verdad expone la corrupción, las mentiras y engaños del Estado. Es la negativa a formar parte de la farsa"

"Podemos sentir frente a la despiadada destrucción corporativa de nuestros pueblos, de nuestra cultura y nuestro ecosistema, que somos débiles e indefensos. Pero no lo somos. Tenemos un poder que aterroriza al Estado corporativo. Cualquier acto de rebelión, aunque lo emprendan unas pocas personas o sea duramente censurado, socava ese Estado corporativo. Cualquier acto de rebelión mantiene vivas las brasas para los movimientos más amplios que nos secunden. Trasmite otra narrativa que, a la vez que el Estado va consumiéndose, atraerá cada vez a un mayor número de personas. Quizá esto no se produzca durante nuestra existencia. Pero si persistimos, mantendremos viva esta posibilidad. Si no lo hacemos, se extinguirá"

"El Dr. Rieux, en la novela “La Peste” de Albert Camus, no se deja llevar por la ideología sino por la empatía, por el deber de ocuparse de los que sufren sin que importe el coste. Empatía, o lo que el novelista ruso Vasily Grossman llamaba “simple amabilidad humana”, que en cualquier despotismo se convierte en un acto subversivo. Poner en marcha esta empatía –empatía hacia los seres humanos encerrados en jaulas a menos de una hora de nosotros [aquí, en Princeton], empatía con las madres y padres indocumentados arrancados de sus hijos en las calles de nuestras ciudades, empatía con los musulmanes que huyen de las guerra que creamos y que son demonizados y expulsados de nuestras costas, empatía con la gente pobre de color a la que la policía dispara en nuestras calles, empatía con las niñas y mujeres traficadas para la prostitución, empatía con todos aquellos que sufren a manos de un Estado que intenta militarizar e imponer una crueldad bestial sobre los vulnerables, empatía con el planeta que nos da la vida y que está siendo contaminado y saqueado para el lucro- se convierte en un acto político e incluso peligroso"

“He templado mi fe en el Infierno”, escribió Vasily Grossman en su obra maestra “Vida y destino”. “Mi fe ha surgido de las llamas de los crematorios, del hormigón de la cámara de gas. He visto que no es el ser humano el que es impotente en la lucha contra el mal, sino que es el poder del mal el impotente en la lucha contra el ser humano. En la impotencia de la bondad, de la bondad sin sentido, está el secreto de su inmortalidad. Nunca podrá ser vencida. Cuanto más estúpida, más sin sentido, más indefensa pueda parecer, más inmensa es. El mal es impotente ante ella. Los profetas, líderes religiosos, reformadores, líderes sociales y políticos son impotentes ante ella. El amor ciego y mudo es el sentido del ser humano. La historia del ser humano no es la batalla del bien luchando para superar al mal. Es la batalla librada por el gran mal luchando para aplastar la semilla de la bondad humana. Pero si ni siquiera ahora lo humano ha podido ser aniquilado en el ser humano, entonces el mal nunca vencerá”

"...sabes que en la resistencia hay un bálsamo que conduce a la sabiduría, y si no a la alegría, a una extraña y trascendente felicidad. Sabes que si resistimos mantenemos viva la esperanza"


- Chris Hedges, El precio de la resistencia


"Es el momento de crear movimientos de masas radicales que desafíen a todos los centros de poder formal sin hacer concesiones a nadie. Es el momento de utilizar el duro lenguaje de la rebelión y la lucha de clases. Es hora de marchar al son de nuestro propio tambor. La ley ha sido históricamente un instrumento imperfecto de la justicia, como saben bien los afroamericanos, pero ahora es solo la criada de nuestros opresores corporativos, ahora se ha convertido en un instrumento de la injusticia. Fueron nuestros amos empresariales los que comenzaron esta guerra. No nosotros. La revuelta nos marcará como criminales. La revuelta nos empujará hacia las sombras. Pero si no nos revolvemos, ya no podremos usar la palabra “esperanza”.

- Chris Hedges, Rise Up or Die