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domingo, 26 de noviembre de 2017




Frente a frente
Cantando para su música propia
Subiendo por las ramas del llanto
Frente a frente
Su llanto y la eternidad
Los hombres desesperados en esta aventura
No pueden retroceder a su comienzo
No pueden cambiar el fin de su sitio preciso
Frente a frente
Abriendo los ojos tan entrañables como la muerte
Cara a cara
Cuánto recuerdo con su perfume y su música propia
Cayendo y levantando
Cuánta espera en forma de estatua sin destino
Cuánta sonrisa festejada como un milagro
Frente a frente
Encadenados al día y al infinito
Semejando saber esto y aquello y aquello y esto
Semejando cantar
Semejando reír
Frente a frente
El pensamiento y la eternidad
Cara a cara
Semejando llorar y en realidad crujiendo
Crujiendo el esqueleto para aprender su oficio
Frente a frente
Por los caminos perturbados del pecho a la cabeza
Por los caminos de la vida a la muerte
Pegando en nuestros labios el sello de la angustia
Ensayando el último suspiro

Frente a frente
A su carne y a su espíritu
O al espejo del tiempo en sus cimientos de espacio
Oyendo el murmullo de nuestras profundidades
Y por otro lado las ansias carnívoras de la nada
Frente a frente
Sin comprender la escritura de nuestras sombras internas
Pegando a nuestros labios el último suspiro.

- Vicente Huidobro, Ver y palpar

viernes, 28 de julio de 2017







¿En dónde estás Altazor?

La nebulosa de la angustia pasa como un río
Y me arrastra según la ley de las atracciones
La nebulosa en olores solidificada huye su propia soledad
Siento un telescopio que me apunta como un revólver
La cola de un cometa me azota el rostro y pasa relleno de eternidad
Buscando infatigable un lago quieto en donde refrescar su tarea ineludible

Altazor morirás Se secará tu voz y serás invisible
La Tierra seguirá girando sobre su órbita precisa
Temerosa de un traspié como el equilibrista
sobre el alambre que ata las miradas del pavor.
En vano buscas ojo enloquecido
No hay puerta de salida y el viento desplaza los planetas
Piensas que no importa caer eternamente si se logra escapar
¿No ves que vas cayendo ya?
Limpia tu cabeza de prejuicio y moral
Y si queriendo alzarte nada has alcanzado
Déjate caer sin parar tu caída sin miedo al fondo de la sombra
Sin miedo al enigma de ti mismo
Acaso encuentres una luz sin noche
Perdida en las grietas de los precipicios

Cae
Cae eternamente
Cae al fondo del infinito
Cae al fondo del tiempo
Cae al fondo de ti mismo
Cae lo más bajo que se pueda caer
Cae sin vértigo
A través de todos los espacios y todas las edades
A través de todas las almas de todos los anhelos y todos los naufragios
Cae y quema al pasar los astros y los mares
Quema los ojos que te miran y los corazones que te aguardan
Quema el viento con tu voz
El viento que se enreda en tu voz
Y la noche que tiene frío en su gruta de huesos

Cae en infancia
Cae en vejez
Cae en lágrimas
Cae en risas
Cae en música sobre el universo
Cae de tu cabeza a tus pies
Cae de tus pies a tu cabeza
Cae del mar a la fuente
Cae al último abismo de silencio
Como el barco que se hunde apagando sus luces"

- Vicente Huidobro, Altazor o El viaje en paracaídas, Canto I

domingo, 27 de diciembre de 2015


"Cuántas veces la vida habrá recomenzado" 

- Vicente Huidobro, Ecuatorial

sábado, 28 de noviembre de 2015


"Cae
Cae eternamente
...
Cae en infancia
Cae en vejez
Cae en lágrimas
Cae en risas
Cae en música sobre el universo
Cae de tu cabeza a tus pies
Cae de tus pies a tu cabeza
Cae del mar a la fuente
Cae al último abismo del silencio
Como el barco que se hunde apagando sus luces"

- Vicente Huidobro, Altazor o El viaje en paracaídas

viernes, 20 de noviembre de 2015


"Soy bárbaro tal vez
Desmesurado enfermo
Bárbaro limpio de rutinas y caminos marcados
No acepto vuestras sillas de seguridades cómodas
Soy el ángel salvaje que cayó una mañana
En vuestras plantaciones de preceptos
Poeta
Anti poeta
Culto
Anticulto
Animal metafísico cargado de congojas
Animal espontáneo directo sangrando sus problemas
Solitario como una paradoja"

       
- Vicente Huidobro, Altazor o El viaje en paracaídas

miércoles, 9 de septiembre de 2015


"Después del corazón comiendo rosas
Y de las noches del rubí perfecto
El nuevo atleta salta sobre la pista mágica
Jugando con magnéticas palabras
Caldeadas como la tierra cuando va a salir un
     ( volcán
Lanzando sortilegios de sus frases pájaro"

 - Vicente Huidobro, Altazor o El Viaje en Paracaídas, Canto III

lunes, 3 de agosto de 2015




Nací a los treinta y tres años, el día de la muerte de Cristo; nací en el Equinoccio, bajo las hortensias y los aeroplanos del calor.

Tenía yo un profundo mirar de pichón, de túnel y de automóvil sentimental. Lanzaba suspiros de acróbata.

Mi padre era ciego y sus manos eran más admirables que la noche.

Amo la noche, sombrero de todos los días.

La noche, la noche del día, del día al día siguiente.

Mi madre hablaba como la aurora y como los dirigibles que van a caer. Tenía cabellos color de bandera y ojos llenos de navíos lejanos.

Una tarde cogí mi paracaídas y dije: "Entre una estrella y dos golondrinas". He aquí la muerte que se acerca como la tierra al globo que cae.

Mi madre bordaba lágrimas desiertas en los primeros arcos iris.

Y ahora mi paracaídas cae de sueño en sueño por los espacios de la muerte.

El primer día encontré un pájaro desconocido que me dijo: "Si yo fuese dromedario no tendría sed. ¿Qué hora es?" Bebió las gotas de rocío de mis cabellos, me lanzó tres miradas y media y se alejó diciendo: "Adiós", con su pañuelo soberbio.

Hacia las dos, aquel día, encontré un precioso aeroplano, lleno de escamas y caracoles. Buscaba un rincón del cielo donde guarecerse de la lluvia.

Allá lejos, todos los barcos anclados, en la tinta de la aurora. De pronto, comenzaron a desprenderse, uno a uno, arrastrando como pabellón jirones de aurora incontestable.

Junto con marcharse los últimos, la aurora desapareció tras algunas olas desmesuradamente infladas.

Entonces oí hablar al Creador, sin nombre, que es un simple hueco en el vacío, hermoso como un ombligo:

"Hice un gran ruido y este ruido formó el océano y las olas del océano."

"Este ruido irá siempre pegado a las olas del mar y las olas del mar irán siempre pegadas a él, como los sellos en las tarjetas postales."

"Después tejí un largo bramante de rayos luminosos para coser los días uno a uno; los días que tienen un oriente legítimo o leconstituido, pero indiscutible."

"Después tracé la geografía de la tierra y las líneas de la mano."

"Después bebí un poco de coñac (a causa de la hidrografía)."

"Después creé la boca y los labios de la boca, para aprisionar las sonrisas equívocas, los dientes de la boca, para vigilar las groserías que nos vienen a la boca."

"Creé la lengua de la boca que los hombres desviaron de su rol, haciéndola aprender a hablar..., a ella, ella, la bella nadadora, desviada para siempre de su rol acuático y puramente acariciador."

Mi paracaídas empezó a caer vertiginosamente. Tal es la fuerza de atracción de la muerte y del sepulcro abierto.

Podéis creerlo, la tumba tiene más poder que los ojos de la amada. La tumba abierta con todos sus imanes. Y esto te lo digo a ti, a ti que cuando sonríes haces pensar en el comienzo del mundo.


Mi paracaídas se enredó en una estrella apagada que seguía su órbita concienzudamente, como si ignorara la inutilidad de sus esfuerzos.


Y aprovechando este reposo bien ganado, comencé a llenar con profundos pensamientos las casillas de mi tablero:


"Los verdaderos poemas son incendios. La poesía se propaga por todas partes, iluminando sus consumaciones con estremecimientos de placer o de agonía.

"Se debe escribir en una lengua que no sea materna."

"Los cuatro puntos cardinales son tres: el sur y el norte."

"Un poema es una cosa que será."

"Un poema es una cosa que nunca es, pero que debiera ser."

"Un poema es una cosa que nunca ha sido, que nunca podrá ser."

"Huye del sublime externo si no quieres morir aplastado por el viento."

"Si yo no hiciera al menos una locura por año, me volvería loco."

Tomo mi paracaídas, y del borde de mi estrella en marcha me lanzo a la atmósfera del último suspiro.

Ruedo interminablemente sobre las rocas de los sueños, ruedo entre las nubes de la muerte.

Encuentro a la Virgen sentada en una rosa, y me dice:

"Mira mis manos: son trasparentes como las bombillas eléctricas. ¿Ves los filamentos de donde corre la sangre de mi luz intacta?

"Mira mi aureola. Tiene algunas saltaduras, lo que prueba mi ancianidad.

"Soy la Virgen, la Virgen sin mancha de tinta humana, la única que no lo sea a medias, y soy la capitana de las otras once mil que estaban en verdad demasiado restauradas.

"Hablo una lengua que llena los corazones según la ley de las nubes comunicantes.

"Digo siempre adiós, y me quedo.

"Amame, hijo mío, pues adoro tu poesía y te enseñaré proezas aéreas.

"Tengo tanta necesidad de ternura, besa mis cabellos, los he lavado esta mañana en las nubes del alba y ahora quiero dormirme sobre el colchón de la neblina intermitente.

"Mis miradas son un alambre en el horizonte para el descanso de las golondrinas.

"Ámame."

Me puse de rodillas en el espacio circular y la Virgen se elevó y vino a sentarse en mi paracaídas.

Me dormí y recité entonces mis más hermosos poemas.

Las llamas de mi poesía secaron los cabellos de la Virgen, que me dijo gracias y se alejó, sentada sobre su rosa blanda.

Y heme aquí, solo, como el pequeño huérfano de los naufragios anónimos.

Ah, qué hermoso..., qué hermoso.

Veo las montañas, los ríos, las selvas, el mar, los barcos, las flores y los caracoles.

Veo la noche y el día y el eje en que se juntan.


Ah, ah, soy Altazor, el gran poeta, sin caballo que coma alpiste, ni caliente su garganta con claro de luna, sino con mi pequeño paracaídas como un quitasol sobre los planetas.


De cada gota del sudor de mi frente hice nacer astros, que os dejo la tarea de bautizar como a botellas de vino.


Lo veo todo, tengo mi cerebro forjado en lenguas de profeta.


La montaña es el suspiro de Dios, ascendiendo en termómetro hinchado hasta tocar los pies de la amada.


Aquel que todo lo ha visto, que conoce todos los secretos sin ser Walt Whitman, pues jamás he tenido una barba blanca como las bellas enfermeras y los arroyos helados.


Aquel que oye durante la noche los martillos de los monederos falsos, que son solamente astrónomos activos.


Aquel que bebe el vaso caliente de le sabiduría después del diluvio obedeciendo a las palomas y que conoce la ruta de la fatiga, la estela hirviente que dejan los barcos.


Aquel que conoce los almacenes de recuerdos y de bellas estaciones olvidadas.


El, el pastor de aeroplanos, el conductor de las noches extraviados y de los ponientes amaestrados hacia los polos únicos.


Su queja es semejante a una red parpadeante de aerolitos sin testigo.


El día se levanta en su corazón y él baja los párpados para hacer la noche del reposo agrícola.


Lava sus manos en la mirada de Dios, y peina su cabellera como la luz y la cosecha de esas flacas espigas de la lluvia satisfecha.


Los gritos se alejan como un rebaño sobre las lomas cuando las estrellas duermen después de una noche de trabajo continuo.


El hermoso cazador frente al bebedero celeste para los pájaros sin corazón.


Sé triste tal cual las gacelas ante el infinito y los meteoros, tal cual los desiertos sin mirajes.


Hasta la llegada de una boca hinchada de besos para la vendimia del destierro.


Sé triste, pues ella te espera en un rincón de este año que pasa.


Está quizá al extremo de tu canción próxima y será bella como las cascadas en libertad y rica como la línea ecuatorial.


Sé triste, más triste que la rosa, la bella jaula de nuestras miradas y de las abejas sin experiencia.


La vida es un viaje en paracaídas y no lo que tú quieres creer.


Vamos cayendo, cayendo de nuestro cenit a nuestro nadir, y dejamos el aire manchado de sangre para que se envenenen los que vengan mañana a respirarlo.


Adentro de ti mismo, fuera de ti mismo, caerás del cenit al nadir porque ése es tu destino, tu miserable destino. Y mientras de más alto caigas, más alto será el rebote, más larga tu duración en la memoria de la piedra.


Hemos saltado del vientre de nuestra madre o del borde de una estrella y vamos cayendo.


Ah mi paracaídas, la única rosa perfumada de la atmósfera, la rosa de la muerte, despeñada entre los astros de la muerte.


¿Habéis oído? Ese es el ruido siniestro de los pechos cerrados.


Abre la puerta de tu alma y sal a respirar al lado afuera. Puedes abrir con un suspiro la puerta que haya cerrado el huracán.

Hombre, he ahí tu paracaídas, maravilloso como el vértigo.


Poeta, he ahí tu paracaídas, maravilloso como el imán del abismo.


Mago, he ahí tu paracaídas que una palabra tuya puede convertir en un parasubidas maravilloso como el relámpago que quisiera cegar al creador.


¿Qué esperas?


Mas he ahí el secreto del Tenebroso que olvidó sonreír.


Y el paracaídas aguarda amarrado a la puerta como el caballo de la fuga interminable.

- Vicente Huidobro - Altazor o El Viaje en Paracaídas - Prefacio

jueves, 30 de julio de 2015


"Una bujía el ojo
Otro otra
Cristal si cristal era
Viento flor
lento nube lento
Seda cristal lento seda…"

- Vicente Huidobro, Altazor o El Viaje en Paracaídas, Canto VI

"El mundo se me entra por los ojos
Se me entra por las manos se me entra por los pies
Me entra por la boca y se me sale
En insectos celestes o nubes de palabras por los poros"

- Vicente Huidobro, Altazor o El Viaje en Paracaídas, Canto I


"Anda en mi cerebro una gramática dolorosa y brutal
La matanza continua de conceptos internos
Y una última aventura de esperanzas celestes
Un desorden de estrellas imprudentes
Caídas de los sortilegios sin refugio
Todo lo que se esconde y nos incita con imanes fatales
Lo que se esconde en las frías regiones de lo invisible
O en la ardiente tempestad de nuestro cráneo"

- Vicente Huidobro, Altazor o El Viaje en Paracaídas, Canto I

viernes, 22 de mayo de 2015


“A la hora del cuerpo en el naufragio ambiguo.”

 

- Vicente Huidobro, Canto IV, Altazor o el viaje en paracaídas

domingo, 15 de febrero de 2015


"Mas no temas de mí que mi lenguaje es otro
No trato de hacer feliz ni desgraciado a nadie
Ni descolgar banderas de los pechos
Ni dar anillos de planetas
Ni hacer satélites de mármol en torno a un talismán ajeno
Quiero darte una música de espíritu
Música mía de esta cítara plantada en mi cuerpo
Música que hace pensar en el crecimiento de los árboles
Y estalla en luminarias adentro del sueño."

- Vicente Huidobro, de “Altazor o El viaje en paracaídas”.



Invierno para beberlo

El invierno ha llegado al llamado de alguien
Y las miradas emigran hacia los calores conocidos
Esta noche el viento arrastra sus chales de viento
Tejed queridos pájaros míos un techo de cantos sobre las avenidas

Oíd crepitar el arcoiris mojado
Bajo el peso de los pájaros se ha plegado

La amargura teme a las interperies
Pero nos queda un poco de ceniza del ocaso
Golondrinas de mi pecho qué mal hacéis
Sacudiendo siempre ese abanico vegetal

Seducciones de antesala en grado de aguardiente
Alejemos en seguida el coche de las nieves
Bebo lentamente tus miradas de justas calorías

El salón se hincha con el vapor de las bocas
Las miradas congeladas cuelgan de la lámpara
Y hay moscas
Sobre los suspiros petrificados

Los ojos están llenos de un líquido viajero
Y cada ojo tiene un perfume especial
El silencio es una planta que brota al interior
Si el corazón conserva su calefacción igual

Afuera se acerca el coche de las nieves
Trayendo su termómetro de ultratumba
Y me adormezco con el ruido del piano lunar
Cuando se estrujan las nubes y cae la lluvia

Cae
Nieve con gusto a universo
Cae
Nieve que huele a mar

Cae
Nieve perfecta de los violines
Cae
La nieve sobre las mariposas

Cae
Nieve en copos de olores
La nieve en tubo inconsistente

Cae
Nieve a paso de flor
Nieva nieve sobre todos los rincones del tiempo

Simiente de sonido de campanas
Sobre los naufragios más lejanos
Calentad vuestros suspiros en los bolsillos
Que el cielo peina sus nubes antiguas
Siguiendo los gestos de nuestras manos

Lágrimas astrológicas sobre nuestras miserias
Y sobre la cabeza del patriarca guardián del frío
El cielo emblanquece nuestra atmósfera
Entre las palabras heladas a medio camino
Ahora que el patriarca se ha dormido
La nieve se desliza se desliza
se desliza
Desde su barba pulida


Vicente Huidobro, de "Automne régulier"
Imagen, Golondrinas, Pierre Bonnard

jueves, 12 de febrero de 2015


"¿En dónde estábamos?  ¿En qué luz en qué silencio?
¿En dónde estaremos?
Tantas cosas tantas cosas tantas cosas."

-Vicente Huidobro, del poema “Imposible”

miércoles, 4 de febrero de 2015

Y ahora soy mar




"Y ahora soy mar
Pero guardo algo de mis modos de volcán
De mis modos de árbol de mis modos de luciérnaga."


Vicente Huidobro, Altazor o el viaje en paracaídas     
Imagen, Maggie Taylor



La poesía es un atentado celeste

Yo estoy ausente, pero en el fondo de esta ausencia
Hay la espera de mí mismo
Y esta espera es otro modo de presencia
La espera de mi retorno
Yo estoy en otros objetos
Ando de viaje dando un poco de mi vida
A ciertos árboles y a ciertas piedras
Que me han esperado muchos años.

Se cansaron de esperarme y se sentaron.

Yo no estoy y estoy
Estoy ausente y estoy presente en estado de espera
Ellos querrían mi lenguaje para expresarse
Y yo querría el de ellos para expresarlos
He aquí el equívoco, el atroz equívoco.

Angustioso lamentable
Me voy adentrando en estas plantas
Voy dejando mis ropas
Se me van cayendo las carnes
Y mi esqueleto se va revistiendo de cortezas.

Me estoy haciendo árbol. Cuántas veces me he ido convirtiendo en otras cosas…
Es doloroso y lleno de ternura.
Podría dar un grito pero se espantaría la transubstanciación
Hay que guardar silencio. Esperar en silencio.


Vicente Huidobro, De Últimos poemas, 1948
Imagen, Masao Yamamoto

miércoles, 3 de septiembre de 2014

"Éramos los elegidos del sol
Y no nos dimos cuenta
Fuimos los elegidos de la más alta estrella
Y no supimos responder a su regalo
Angustia de impotencia
El agua nos amaba
La tierra nos amaba
Las selvas eran nuestras
El éxtasis era nuestro espacio propio
Tu mirada era el universo frente a frente
Tu belleza era el sonido del amanecer
La primavera amada por los árboles
Ahora somos una tristeza contagiosa
Una muerte antes de tiempo
El alma que no sabe en qué sitio se encuentra
El invierno en los huesos sin un relámpago
Y todo esto porque tú no supiste lo que es la eternidad
Ni comprendiste el alma de mi alma en su barco de
tinieblas
En su trono de águila herida de infinito."

Vicente Huidobro, Éramos los elegidos del sol (en El ciudadano del olvido)

lunes, 4 de agosto de 2014

Sobre la nieve se oye resbalar la noche.

La canción caía de los árboles,
y tras la niebla
daban voces.

De una mirada encendí mi cigarro.

Cada vez que abro los labios
inundo de nubes el vacío.
En el puerto,
los mástiles están llenos de nidos,
 y el viento

gime entre las alas de los pájaros.
  

Vicente Huidobro, De Poemas árticos, Noche                                   

sábado, 26 de julio de 2014

Mares Árticos



Los mares árticos
        Colgados del ocaso

Entre las nubes se quema un pájaro

Día a día
    Las plumas iban cayendo
Sobre las tejas de todos los tejados

Quien ha desenrollado el arco-iris

           Ya no hay descanso

        Blando de alas
                Era mi lecho

Sobre los mares árticos
Busco la alondra que voló de mi pecho

                             
 Vicente Huidobro, De Poemas árticos,1918

                
               “Cuántas veces la vida habrá recomenzado” 
   
               Vicente Huidobro, Ecuatorial